¿De qué nos reímos?

04 Marzo   312   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

El pasado Festival ¿de la Canción? de Viña del Mar ha permitido contrastar, una vez más, las grandes discrepancias generacionales que se observa en la sociedad actual, particularmente en lo que los diversos grupos etarios consideran humor.
Para aquellos de más de cuatro o cinco décadas de edad, la actuación del humorista Dino Gordillo, pese a lo repetida, cumplió las expectativas de lo que ese grupo considera humor. Contó chistes, es decir relatos brevísimos en que se hace sátira de ciertas personas, se acentúan giros idiomáticos o se realza defectos o conductas inusuales. Su rutina estuvo plagada de suegras, esposas y adolescentes. Su objetivo es provocar la risa cada 30 segundos, sin abusar de un lenguaje grosero, más allá de chilenismos coloquiales.
En contraste, el público de tres décadas, o menos, consideró que ese tipo de rutina no hace reír, es anticuada y, especialmente, ofende a ciertas minorías y grupos sociales. Los “millennials” estiman que el humor debe ser, sobre todo, políticamente correcto. Debe respetar la dignidad de las personas, en especial de las minorías, y no debe hacer mofa de algunos, algunas y algunes.
Uno podría estar de acuerdo con esta última postura, que llega a hacer del respeto casi una intransigencia, a no ser que, un par de días más tarde, en el mismo escenario, se desplegó el arte musical y poético del llamado “estilo urbano”, personalizado en Bad Bunny. Ese público juvenil y de adultos jóvenes, criticó al antiguo humorista señalado más arriba por ofender la dignidad de las suegras o de las mujeres en general, resaltando algún defecto de ellas. No obstante, ese mismo público aplaudió, bailó y gritó hasta la afonía con los temas del “trapero” Bad Bunny, cuyas letras no sólo son misóginas, machistas y sexistas, sino francamente porno y abiertamente ofensivas con las mujeres, a quienes rebaja a simples objetos de satisfacción sexual.
Entonces, las nuevas generaciones abominan del humor de antaño por considerar que ofende la dignidad de ciertas personas. Pero, al mismo tiempo, gustan, corean y bailan los temas musicales de ciertos intérpretes que hacen exactamente eso: denigrar a las mujeres. ¿Cómo entenderlo?
¿Cuál es el humor de los millennials? Pareciera ser el llamado “Stand-up comedy”, que no es otra cosa que un monólogo a cargo de alguien que se ríe de las torpezas, limitaciones o ignorancia de alguien, a menudo su pareja, e incluso de sí mismo. Este tipo de humor, largamente practicado por Coco Legrand en Chile, busca provocar la risa tras el relato de situaciones de más largo desarrollo. No busca la risa a cada instante sino una suerte de reflejo o proyección del público en lo relatado por el comediante. Hay un poco de catarsis, otro tanto de autorreferencia y mucho de egocentrismo en el público del Stand-up comedy, lo cual, dicho al pasar, dice bastante de la generación del milenio.
Constatada otra expresión más de la brecha generacional de la que tanto se habla, y escribe, lo importante es saber que cada generación tiene de qué reírse.