Debemos volver a un principio olvidado, la santidad

14 Octubre 2018   1760   Opinión   Sergio Rodríguez Varela
Columnista Diario El Centro
Sergio Rodríguez Varela

Consejo de Pastores

William MacDonal, en su libro El Mandamiento Olvidado “Sed Santos” escribe: “En el mundo actual en donde la santidad se le desplaza y se le considera como cosa pasada de moda, nunca ha sido más pertinente la vital verdad de que el cristiano debe llevar una vida santa”. Lo anterior, a la hora de la evangelización es de vital importancia, la gente que nos rodea debe ver tanto en nosotros como en los que predican una vida diferente a la del común mortal. La sociedad que nos rodea está plagada de violencia, y corrupción en todo sentido y en todos los estamentos de ella, desde allí la necesidad en que la iglesia debe marcar la diferencia.
El apóstol Pablo en su carta nos describe cual es la voluntad de Dios para el creyente 1ra.Tesalonicenses cap. 4: 3- 7 “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”.
En la actualidad, lo que más se ve en muchos miembros de la iglesia profesante (la visible), que sus vidas no difiere en nada a la del común mortal (el no creyente). Las erradas prácticas de la sociedad no solo afecta al mundo secular también afecta a la iglesia, lo que quiere decir que esta ha sido infiltrada y lo que es peor que muchos ministros lo aceptan. Lo que hoy se ve en el mundo también se observa en la iglesia, para muchos el matrimonio no tiene importancia y los jóvenes viven una vida sexual prematura, la que termina con embarazos no deseados. Hoy un vasto número jóvenes creyentes son desobedientes a los padres, muchos de ellos los sábados por la noche están en sus carretes y luego el domingo están en los cultos de adoración, creyendo que con ello ha cubierto su ilícito ante un Dios Santo. Cuando no hay santidad y se lleva una vida licenciosa alejada de Dios, entonces el creyente mundano en vez de ser un aporte, son estorbos para una adoración en el espíritu, los canticos no traspasaran el cielo y el diablo se mofara de ello. Dios demanda santidad porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo (1Pedro 1:16)
Debemos entender que las erradas prácticas contrarias a la moral bíblica, aunque estén legalizadas, no pierden su pecaminosidad. Un creyente que no se aparta de lo errado y que no observa las enseñanzas bíblicas, solo sirve de obstáculo para que otros vengan al conocimiento de la verdad. El apóstol Santiago lo dice con todas sus letras 4:4 “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. La santidad es un proceso continuo y no un logro. Mientras vivamos nunca seremos lo suficientemente santos pero debemos esforzarnos para agradar a Dios. Para ello es necesario buscar su ayuda a fin de enfrentar con sabiduría las tentaciones del mundo, los apetitos de la carne y las asechanzas del diablo. Dios nos ayude, amen.