Delincuencia

28 Julio   711   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La delincuencia es un fenómeno grave e inquietante para la convivencia social, la estabilidad económica y la concordia política. Más aún si los delitos son cada vez mayores y violentos. Los actos reiterados que propenden con fuerza al daño de personas y bienes, privados y públicos, son indudablemente objeto de condenación y deben, según su grado, recibir la sanción adecuada.
Las instituciones policiales, enfrentan día a día a la delincuencia; asimismo, los fiscales y los tribunales que investigan y sancionan, respectivamente. En la medida que los delitos aumentan, existe la impresión que las instituciones del país no logran hacer frente a situación tan amenazante.
Las cárceles no dan abasto, y bien sabemos, que no contribuyen a la reinserción social. La privación de libertad de un delincuente, debe ser proporcionada al delito, pero también, ha de tener como ingrediente, la rehabilitación. Sin embargo, nuestros recintos penales son todo menos lugares de rehabilitación. Más bien, constituyen en muchos casos, escuelas del delito.
¿De dónde procede la delincuencia? Esta pregunta es necesario hacerla. Porque, no basta con reprimir las acciones delictuales. Hay que realizarlo, es cierto. Pero, la pregunta, así planteada, pone la atención a las condiciones sociales, económicas y culturales que posibilitan y favorecen la generación de personas que derivan en delincuentes. ¿Qué factores contribuyen a ello?
En la delincuencia, confluyen varios factores que la hacen propicia. Pero es, sobre todo, la pobreza y marginalidad, que priva de accesos a bienes básicos, servicios, educación y convivencia civil, el factor principal. En efecto, quien vive y padece en pobreza extrema, está al margen de los bienes y servicios de la sociedad. De este modo, con el delito, nada tiene que perder. Para él, es una apuesta por lograr algo... Ha nacido, muchas veces, en ese círculo y ejemplo. Así, se lanza a delinquir, porque no tiene más oportunidad que ello.
La sociedad que permiten la explotación y la opulencia, con grandes contrastes, sin participación y equidad, produce, por desgracia, marginalidad y pobreza extremas. Estas son el caldo de cultivo de la delincuencia, así como las injusticias institucionalizadas, hieren e irritan a los desheredados.
La propiedad privada es un derecho legítimo; pero jamás debe olvidar el bien común, la justicia y la solidaridad. Esto significa que sobre toda propiedad privada se grava siempre una hipoteca social. Es, pues, la delincuencia un asunto muy acuciante de justicia social, no abordado por años en nuestro país.