Democracia

07 Octubre 2018   722   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Son varias las maneras de concebir hoy la democracia. Escuchamos hablar a muchos y muchas sobre ella. Hace pocos días, recordamos el plebiscito del 5 de octubre de 1988, como hito histórico hacia el regreso a la democracia. Pudo así iniciarse el camino para recuperar la participación ciudadana y política. De este modo, se echaron las bases para salir de la dictadura, hacer elecciones libres de autoridades, el parlamento y la presidencia de la República.
La victoria del “No”, fue un ejercicio de coraje ciudadano. El temor existía. Pero la voz de la conciencia del pueblo soberano, comprendió con agudeza que esa senda, abriría las posibilidades a las elecciones, aunque con muchas amarras y enclaves de poder consolidados con el modelo económico. Además, muchos hechos graves de la dictadura, permanecían todavía ignorados en ciertos sectores, algunos por desidia, otros por interés, y pocos, sin imaginar.
En efecto, tras el proceso de retorno a la democracia, poco a poco, se hicieron cada vez más patentes los atropellos a los derechos humanos, denigrantes y desgarradores, la denegación de justicia, la acumulación de propiedades y valores del dictador, que defraudó al patrimonio del Estado.
Las contiendas mezquinas de dominio entre los movimientos y partidos políticos actuales, junto a los lamentables y reiterados hechos de corrupción que afectan a las instituciones, las que eran prestigio de la República y de la sociedad, incluidas, también, las áreas productivas, financieras, empresariales o las de comunidades religiosas, ponen ahora en entredicho la institucionalidad democrática en su conjunto, puesto en los hechos, todavía existe la hegemonía de una casta política y económica, que es sorda a una participación más amplia del pueblo en la cosa pública.
El mismo pueblo ha devenido en indiferencia. Experimenta la desazón por las situaciones de injusticia que persisten, así como las inequidades sociales, culturales y económica son cada vez mayor. Aunque los “indicadores” entregan cifras alentadoras, lo cierto es que la vida social y familiar, está amenazada por un modo de vida sofocante… Entonces, el individualismo se impone.
Si la democracia es el sistema político más adecuado, porque se funda en la soberanía del pueblo y el derecho de este a elegir y controlar a sus gobernantes, ello no es pleno si no hay participación plena y activa de todos los estratos, con igual dignidad y valor.
Queda mucho, entonces, para que nuestra institución democrática, sea más justa y solidaria, y gobernantes y gobernados nos comprometamos por los asuntos públicos y el bien común de Chile.