Derrota del pesimismo

06 Mayo 2018   1457   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

“Antes del fin” es un pequeño y reflexivo libro de Ernesto Sábato que reúne pensamientos del anciano escritor en el ocaso de su vida. Publicado justamente hace 20 años, es una especie de balance suyo. Con fina sensibilidad se detiene en hechos, ideas y valoraciones del siglo XX concluido. Los golpes que ha tenido, dan a su pluma una carga melancólica. Persiste en la indagación del sentido de lo incomprensible y misterioso. La enfermedad prolongada y la muerte de su esposa Matilde, fiel y amada compañera: “pienso en el valor con que sufrió mi vida complicada, azarosa, contradictoria”, confiesa.
Al dolor extremo de esposo se agrega el de padre por la trágica muerte de Jorge, su hijo: “Nunca he sufrido tristeza igual”, declara. “Continúo escuchando la música que él amaba, aguardando con infinita esperanza el momento de reencontrarnos en ese otro mundo, en ese mundo que quizá, quizá exista”.
Sus luchas interiores las comparte con sencillez y transparencia. Nada le es indiferente a su conciencia: el horror del hambre, la inquietante manipulación genética, el medio ambiente en peligro, las guerras fratricidas, la marginación social o política. El niño de la calle es invitado a tomar un café: “en su humildad de lustrabotas, me muestra a Dios”. Tal vez lo evidente es el fracaso y la frustración. Mas la vida no es para la derrota. Hay un “pacto entre derrotados”, insiste. ¿Será acaso el consuelo a la tristeza? ¡No! Sábato, en lo más hondo de la vida y del dolor humano se despide del pesimismo enfermizo.
Siente el destino del mundo…Consciente que la vida humana sufre la amenaza total. Pero la devastación no es definitiva…A pesar de todo, brilla la esperanza. Pues solo es el fin de la cultura moderna que separa el pensamiento mágico y el lógico, dejando al hombre “exiliado de su unidad primigenia”, sin armonía consigo mismo y “con el cosmos”. Así, pues, al tocar fondo nace la fe. Tras el desplome viene el rescate del hombre en su “unidad perdida”.
No hay, pues, derrota. Porque Sábato confía: “Les propongo –dice a los jóvenes- con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos, arriesguemos por el otro, esperemos, con quien extiende sus brazos, que una nueva oleada de la historia nos levante”.
En los tiempos que vivimos y sufrimos, Sábato nos da que pensar…