Derrumbe en Valparaíso

25 Agosto   663   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

El reciente derrumbe en Valparaíso, que cobró la vida de seis personas, sigue haciendo pensar, no solo a los habitantes del puerto, sino también, a los ciudadanos a lo largo y ancho de nuestra patria. Porque, queda de manifiesto cómo una edificación de carácter patrimonial (como muchas otras), no tuvo el cuidado adecuado y preventivo. La tragedia pudo evitarse, si los involucrados responsables, públicos y privados, hubiesen desempeñado sus labores a tiempo.


Pero, desafortunadamente no fue así. Una vez más, los hechos dejan patente que carecemos de la previsión necesaria y los peligros que amenazan la vida, está ahí, latentes u ocultos. La ciudad porteña sufre un deterioro progresivo y generalizado en los hábitos. Los esfuerzos parecen llegar tarde y son del todo insuficientes. Para algunos, hay una suerte de resignación, a tal punto, que no ven proyección ni avance posible; menos, que convenga invertir en la ciudad.


Valparaíso desde la independencia, fue el puerto pionero durante el siglo XIX y comienzos del XX, no solo para Chile, sino en la costa del Pacífico. Los barcos de las naciones del globo estaban surtos en la bahía. Desde el puerto, el país se hizo presente al mundo. Los viajeros que llegaban y salían, fecundaron nuestras tierras. Los industriales abrieron surco con empresas audaces e infundieron nuevos aires. Los bancos y las inversiones de las casas comerciales del cobre, la plata y el salitre nortino, tuvieron plaza en Valparaíso. El telégrafo, es señal de progreso. En muchos aspectos el puerto llevó la delantera a Santiago.
Debe agregarse a ello, la pujanza cultural y literaria, que congregó a escritores e intelectuales, instaló la primera librería en la naciente república, así como el primer periódico de habla castellana y variada prensa. La primera biblioteca pública del país, lleva el nombre de Santiago Severin, porque el bello edificio isla, donado por él, se inauguró hace justamente 100 años, en 1919.


Sin embargo, Valparaíso, junto a los éxitos que tuvo y que posee, jamás dejó de sufrir catástrofes. Unas, causadas por la naturaleza, como los temporales y los terremotos. Otras, producidas por el hombre mismo, ya sea por la desidia o por extravíos irresponsables de este, haciendo más graves los daños.
A pesar de ello, siempre los habitantes de Valparaíso, se han sobrepuesto. En la adversidad forjaron carácter y tesón. A causa del derrumbe y el último incendio, se reúnen ahora las autoridades y los privados para buscar soluciones anticipadoras. Ojalá se avance, sin mezquindades. Porque es difícil vencer la enquistada desidia. Solo así habrá posibilidades al auténtico progreso.