Desde Pullay

21 Septiembre   686   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

Entre las noticias de estos días, a media página de un diario nacional, se informó que los servicios de hoteles de mascotas, guardias y aplicaciones de transporte estaban colapsados para fiestas patrias.
Las cuentas alegres corrían a raudales en estos ámbitos. Muchos se quedaron con los crespos hechos por no haber obtenido cupo para sus mascotas. Algunos de los “hoteles” ya tenían sus cupos completados con más de 15 días de antelación. Las peluquerías caninas también veían incrementada la demanda por sus servicios para amononar a las mascotas.
Curiosamente, una de las cosas que más llaman la atención a los turistas extranjeros que nos visitan, aparte de la basura y el cablerío que observan por doquier, es la cantidad de perros callejeros que suelen encontrar. Solo faltaría que estos últimos solicitaran al gobierno, junto a diputados y senadores, que subsidie el financiamiento de nuevos hoteles y peluquerías caninas para que los acojan.
En paralelo, hay niños que no tienen hogar, que son derivados al servicio nacional de menores o a casas de acogida. Las familias parecen preferir recoger mascotas antes que recoger niños abandonados.
Las empresas de seguridad también se frotan las manos, ante la creciente demanda por sus servicios en estos días, tanto para resguardar los recintos donde se desarrollan los distintos eventos asociados a las fiestas patrias, como a casas particulares cuyos moradores salen de vacaciones. Lo mismo ocurre con las aplicaciones de transporte como Uber y Cabify, que por estos días ofrecen tarifas y servicios especiales.
Al leer estas noticias, uno pensaría que estamos en jauja, en el país de las mil maravillas, de un país desarrollado, en marcha, que ha resuelto sus problemas esenciales, que se da el lujo de preocuparse de sus mascotas –perros y gatos-, que está a otro nivel.
En paralelo, un pueblo al sur de Chile, Puerto Octay, celebra las fiestas patrias sin agua potable, pero no importa. Su alcaldesa afirma que los vecinos entienden la emergencia, en tanto que el gobernador sostiene que están replicando la experiencia adquirida cuando en Osorno se quedaron sin agua por más de una semana, y por último, un comerciante, en un alarde de infinita comprensión declaró que gracias a Dios pudo retomar sus actividades luego de estar parado tres días. Los camiones aljibe están permitiendo sortear la emergencia.
En el diario nacional al que se hizo referencia al inicio de la columna, en una misma página, también se informa que distintas autoridades nacionales –desde el ministro de Desarrollo Social hasta la ministra de Deporte- sugieren consumir comida saludable, celebrar con recato, y no dejar de hacer ejercicio, o al menos bailar cueca, dado que con 40 minutos de cueca nos permiten quemar una empanada de pino o un choripán. Simultáneamente, en avisos publicitarios a página entera, se nos invita a comprar vinos, empanadas, carnes, chorizos, con grandes facilidades de pago. Total, de la obesidad se hará cargo el país a través de sus servicios públicos colapsados.
Son las contradicciones del país en que vivimos. Mientras tanto, en nuestras manos está la libertad de caer en tentación y endeudarnos bajo la presión mediática, o de resistir alejándonos del mundanal ruido yéndonos a Pullay.