Desde Torrelodones

04 Junio 2018   1205   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

En Torrelodones, pueblo localizado en las cercanías de Madrid, camino a La Coruña, la vida transcurre plácidamente con un municipio que se caracteriza por estar en manos de una agrupación política vecinal. Partido que obedece al nombre de Vecinos por Torrelodones (VT) y que no existe más allá de las fronteras del municipio. Como su nombre lo indica, fue creado por un conjunto de vecinos cansados de los partidos tradicionales y cuya motivación esencial es servir a los vecinos, en la convicción de que más allá de las distintas concepciones políticas que pueda tener cada uno, existen temas a nivel municipal en los que es más fácil actuar de común acuerdo desde un partido distinto a los existentes a nivel nacional o regional.
Como botón de muestra tuve ocasión de comprobar la importancia que se asigna al interés común en la educación de los niños. A modo de ejemplo, se les invita al reciclaje, al respeto al medio ambiente, a la limpieza de la comuna mediante una significativa iconografía educativa pública. Por otro lado, para reducir la congestión vehicular particular, el municipio provee locomoción pública gratuita para el transporte de los escolares. A ello se agrega la provisión gratuita de receptáculos, a los hogares interesados, para la producción de humus a partir de la basura orgánica generada en los hogares.
El resultado es una comunidad entusiasta, activa e interesada por lo público, capaz de mirar más allá de sus intereses privados. Un fenómeno similar tuve ocasión de observar en una Junta de Vecinos de una urbanización no muy lejana, La Fontanilla. Allí se había eternizado una directiva que terminó por corromperse. Cuando los vecinos decidieron tomar el toro por las astas, se organizaron para derrotar electoralmente a los mismos de siempre, comprometiéndose a no estar más de dos períodos. Así lo hicieron, saneando la deuda que recibieron y dejando múltiples obras en beneficio de la vecindad.
Parece cuento, pero no lo es.