Día de las madres

13 Mayo 2018   945   Opinión   SERGIO RODRIGUEZ VARELA
Columnista Diario El Centro SERGIO RODRIGUEZ VARELA
SERGIO RODRIGUEZ VARELA

Consejo de Pastores.

Al conmemorarse el día de la madre, como una forma de rendir un sencillo pero merecido homenaje a quienes con sacrificio y abnegación han sabido cumplir la noble y valiosa tarea de ser madres, les trascribo de un libro lo que, a mi parecer, interpreta de muy buena forma, lo que es el paso de una madre por esta vida.
Una joven, al comienzo de su vida como madre, pregunto: ¿Es largo este sendero? Su guía que estaba a su lado, respondió: “Si el sendero es largo; y es duro además. Cuando llegues al final, serás una viejecita pero el fin será mejor que el principio”. La joven madre se sentía feliz, y no creía que hubiera nada mejor. Jugaba con sus niños, recogía bonitas flores en el camino, y disfrutaba de las límpidas corrientes que flanqueaban su paso. El Sol brilló esplendente, la vida era dulce y la madre exclamó: “Nada puede ser más agradable que esto”.
Vinieron la noche y las tormentas, y el sendero estaba oscuro, y los niños temblaban de miedo y de frío. La madre los apretaba contra su pecho, los cubrió con su manto, y los niños decían: “Oh madre nuestra, no tenemos miedo, porque tu estás cerca”. La madre dijo entonces: “Esto es aún mejor que el brillante sol del mediodía. Porque he enseñado a mis hijos a ser valientes”.
Y vino así la mañana. Había un alto cerro a la distancia, los niños escalaban las alturas montañosas y sentían fatigas y cansancio; la madre también se fatigaba, pero a cada paso decía: “Un poquito de paciencia y ya llegamos”. Los niños seguían subiendo y cuando llegaron a la cima, le dijeron: “No habríamos podido llegar sin ti, madre querida”. Una vez llegada la noche, mirando las estrellas la madre, exclamó: “Este día es aún mejor que el otro, porque mis hijos han aprendido a ser fuertes antes los altos y bajos de la vida”.
El siguiente día trajo extraños y negros nubarrones que oscurecieron la tierra; nubes de guerra, de odio y de maldad, los niños tanteaban el camino y caían a tierra, la madre les decía: “Mirad hacia el cielo, hacia la luz”. Lo niños lo hicieron y por sobre las nubes vieron una gloria sempiterna que los guió y que los llevó al fin hacia las regiones más allá de las tinieblas. Al término del día, la madre dijo: “Este ha sido el mejor de los días, porque he mostrado a mis hijos el camino hacia Dios”.
Pasaron los días, las semanas, los meses y los años, la madre ya había envejecido; doblegada por la vida y por los años, ella era pequeña. Contrario a ello, sus hijos eran robustos y fuertes y caminaban por la vida con coraje. Cuando el día era difícil para su madre, ellos le ayudaban y le levantaban en sus brazos. Al fin llegaron a una montaña, y del otro lado podían ver un camino resplandeciente y una puerta de oro estaba abierta de par en par. La madre dijo: “He llegado al fin de mi sendero. Ahora sé que el fin es mejor que el comienzo, porque mis hijos pueden caminar solos con Dios y sus hijos después de ellos”. Ella al traspasar las puertas de oro, tras de ella, estas se cerraron, mientras sus hijos continuaran en este mundo. Si Ud., aún puede disfrutar de ese ser tan querido, dile cuanto le amas, y si ya no lo tienes, que en tu corazón se albergue el más hermoso recuerdo de ella. Dios te Bendiga.