Días grises

17 Agosto   719   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Hay días que nos demandan arduo y doloroso empeño. A pesar de los bríos, los resultados no llegan. Son evidente los errores propios, las dificultades, las torpezas. Por eso se dice: “no es mi día”, “amanecí con el pie izquierdo”...
Son los llamados “días grises”. Las situaciones son opacas, y el sentir está por el suelo. Nada se logra. Estamos en “mala racha”. El papel buscado no se encuentra, la cita con el médico es cambiada a última hora, enferma la hija y no hay medicina en la farmacia. Además, recibimos una mala noticia. ¡Qué decir cuando carabineros, por un parte en la vía, nos cita al tribunal…!
Los días grises no corresponden a las estaciones del año. Son de sorpresa. Pueden venir sin nublado y en un marco completamente radiante de sol.
Es que la vida y el alma humana tiene vaivenes. A cada cual le toca en suerte el momento y lugar. No hay explicaciones suficientes para muchos sucesos que nos suceden, y los días grises son parte de la existencia íntegra.
Hay que aprender, pues, que la vida no puede ser únicamente de éxitos y satisfacciones. El vivir humano tiene etapas y variaciones, momentos de proyectos, triunfos, y alegrías legítimas. A estos, acompañan, por contraste, los tiempos e instantes de sufrimientos, de pesares e impotencias, de verdaderos obstáculos a nuestros anhelos.
Vivir comporta la lucha y el empeño constante, sin tregua. Las afecciones no deseadas y menos imaginadas, golpean de súbito, pero ellas, despiertan de las cegueras. ¿Qué pueden ser, entonces, para nosotros los días grises?
Nuestra vida siempre está enfrentada a la incógnita, no la dominamos plenamente. El señorío bíblico, que desde la creación se le otorga al hombre sobre el mundo no es absoluto, tiene los límites de la creatura. Hay que saber inclinarse ante la pequeñez y los enigmas. Ahora bien, ocurre que en nuestro camino por ahí acertemos, y lo hagamos bien. Con todo, de sopetón surge la adversidad con las desilusiones consiguientes, manifestándose el día gris…
Así, los días grises nos otorgan lucidez. Recuerdan nuestra frágil condición, haciéndonos más humildes. Únicamente así retornamos a la lucha de la vida, más empeñosos, con humildad, confianza y valentía. De este modo, descubrimos que el buen Dios, todo lo guía para bien…