Dictadura cívico militar

13 Septiembre 2018   1158   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

Existe evidencia incuestionable -informes de la CIA- que el golpe de Estado en Chile fue maquinado paulatinamente antes de la elección presidencial de 1970.
Ello se evidenció, por ejemplo, en los aportes pecuniarios del gobierno Nixon a Agustín Edwards y El Mercurio, a los camioneros, dirigentes empresariales e incentivos a altos oficiales de las Fuerzas Armadas chilenas.
El asesinato derechista del constitucionalista Comandante en Jefe de Ejército René Schneider, a pocos días de asumir el electo Presidente Salvador Allende Gossens, fue expresión de una conspiración nacional y estadounidense. Ello se catalizó meses después con otro asesinato, el del edecán presidencia Arturo Araya.
Dicho de otro modo, los conspiradores derechistas no toleraban el programa presidencial de profundización de la reforma agraria, nacionalizador de todas nuestras riquezas básicas, de protagónico rol del Estado en las esferas social, cultural y de la economía; ni que por primera vez en la historia de la Humanidad un candidato socialista llegara a la primera magistratura de una nación por la vía democrática.
El país se polarizó pues en la izquierda tal postura y accionar derechista les endureció… Ello más allá de la resolución del Congreso Socialista en Chillán (1967) de declararse marxista leninista pues jamás formó unidades para militares o algo similar –a diferencia del MIR o el VOP- como tampoco lo hizo el partido comunista.
Sin embargo, ello dificultó la coherencia de un gobierno que tenía inmensos desafíos. Esto, sobre una matriz sociopolítica –al decir de Manuel A. Garretón- instaurada en 1925, que se agotaba después de casi 50 años de desarrollo; además, en un contexto de la llamada “guerra fría” en la que Chile adhería más a los “países no alineados” que a uno u otro bando.
Compleja tarea, que también se evidencia en las cifras como producto de las acciones de la derecha y ultraderecha; de la CIA; y de la extrema izquierda misma como del “infantilismo” de algunos partidos de gobierno. Sin embargo, durante el Gobierno de Allende se respetó la Constitución y las leyes: no hubo exiliados, torturados, desaparecidos mucho menos fusilados, tampoco atentado a la libertad de expresión ni de asociación; e incluso, para evitar un golpe de Estado y una eventual guerra civil, el Presidente Allende invitó a miembros de las propias Fuerzas Armadas para que gobernaran junto a él… simultáneamente, convocaría a un plebiscito respecto de la continuidad de sus gobierno que sería el martes 11 de septiembre de 1973.
Esto último fue impedido por la instauración de una dictadura de 17 años, con el poder más absoluto e infame que se conozca en nuestra historia, despreciada a escala planetaria, salvo por sus instauradores directos y cómplices pasivos que aún están en el Congreso Nacional y ministerios.
Estos, aún hoy defienden sus secuelas y doctrinas: las de seguridad nacional, integrismo católico y neoliberalismo sellada en la constitución de 1980 que, por ser pétrea, aún los demócratas verdaderos no pueden abolir.