Dictaduras y dictablandas

07 Mayo 2018   1334   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

La polémica desatada la semana que pasó, provocada por el diálogo entre el joven abogado, cientista político y agudo columnista Axel Kayser y su entrevistado, el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa, ha tenido amplia repercusión en Chile y otros países.
Kayser dijo, intentando introducir una pregunta, que hay dictaduras malas y otras menos malas, y que muchos podrían querer vivir en las segundas, pero nadie en las primeras, afirmación que fue bruscamente interrumpida por el premio nobel, quien señaló que no es así. Vargas Llosa consideró que la pregunta partía de una premisa inaceptable, remarcando en medio de aplausos que toda dictadura es mala, pese a que algunas puedan significar algún beneficio a ciertos sectores sociales.
Pero ¿hay dictaduras peores que otras?
Si revisamos la historia del siglo XX, lamentablemente la cantidad de regímenes dictatoriales que encontramos podrían servir para ilustrar esta polémica y otras tantas más. ¿Fueron igual de malas las dictaduras militares latinoamericanas de los años ’70, incluida la nuestra, si las comparamos, por ejemplo, con el régimen de Pol Pot, en Camboya? Si comparamos la perversión o la maldad del régimen de Hitler y el de Stalin, probablemente no advertiremos diferencias en el oprobio al que sometieron a sus pueblos. Los crímenes de lesa humanidad cometidos por nazis o comunistas son igual de atroces. Pero, si ponemos en un lado de la balanza a Franco y a Stroessner y en el otro a Idi Amin Dada o Jean Bédel-Bokassa, la perversión de estos últimos, el ensañamiento con sus pueblos y la depravación de sus regímenes no tiene comparación con la dictadura española o paraguaya.
Entonces, siendo igualmente rechazables por su origen o ejercicio contrario a los valores democráticos o sus violaciones a los derechos esenciales del ser humano, no podemos desconocer que algunas dictaduras son peores que otras. No se trata de defender lo indefendible, se trata de distinguir matices, intensidades y grados. No se puede poner en el mismo plano el régimen de horror instaurado por Pol Pot en Camboya, una pesadilla de crímenes sin nombre ni racionalidad alguna a que fue sometido durante años ese pueblo, con la negación democrática de los militares argentinos, bolivianos o peruanos. Meterles en el mismo saco es tratar de reducir las cosas a una visión en blanco y negro. Una visión dual y voluntarista que sólo vive en los libros y en la academia, pero no en la realidad.
Si en la discusión se hubiese puesto cuidado a la pregunta en cuestión, los que aplaudieron al premio nobel habrían tenido que reconocer que muchos tolerarían (y lo hicieron) vivir bajo el régimen de Pinochet o de Franco, pero seguramente ninguno quisiera pasar ni tan sólo un minuto en la Uganda de Idi Amin Dada o bajo el régimen de Stalin o de Hitler. Todas fueron dictaduras. Todas violaron los derechos humanos y negaron la democracia. Pero, al final, hasta el más recalcitrante habrá de reconocer que si bien todas las dictaduras son repudiables, algunas son peores que otras.