Droga, una gran hipocresía

20 Junio 2018   876   Opinión   Ignacio Cárdenas Squella
Columnista Diario El Centro Ignacio Cárdenas Squella
Ignacio Cárdenas Squella

Periodista

Resulta inentendible que estemos todavía en la mayor parte del mundo, sin duda en Chile también, gastando billones en combatir el narcotráfico llenando de policías las poblaciones o promoviendo redadas contra la delincuencia (mayoritariamente generada por esa lacra).
Tal ingenuidad resulta tan pueril como el muro de Trump para terminar con la inmigración. La historia nos demuestra que las prohibiciones, los discursos rimbombantes o simplemente las balas, es como querer suprimir por decreto el pensamiento o las ideas que no compartimos. Esa actitud, por el contrario, empodera más a los narcos y potencia las ideas que se quieren acallar.
En el tema de la droga no reconocer, hoy por hoy, que la única manera de acabar con el narcotráfico es despenalizar y legalizar la droga, simplemente huele a complicidad. ¿Qué argumento hay en contrario? Se dirá que “morirían muchos drogadictos” lo que es una falacia. En Portugal desde que se despenalizó el consumo de todas las drogas el 2001, éste disminuyó como también la adicción. El caso de Holanda, que desvió los enormes recursos que se gastaban en represión hacia prevenir y rehabilitar, hoy está transformando sus vacías cárceles en hoteles o asilos de ancianos y, ciertamente, el consumo y la drogadicción han disminuido de manera sorprendente y la delincuencia verdaderamente se frenó.
Guerrear contra el narco simplemente deriva en lograr un Estado narco y, como ejemplo, basta mirar lo que sucede en México. Las prohibiciones lo único que logran es crear poderes tan fuertes que se imponen sobre los mismos países, corrompen sus policías y ejercen coerción en las más altas esferas.
Creo que no es necesario recordar la Ley Seca de USA, que durante los 13 años en que se impuso, sólo provocó la violencia que conocemos y nada en bajar el consumo de alcohol.
Pretender argumentos en contra de la legalización y despenalización a estas alturas y con las evidencias conocidas, simplemente sorprende. Es querer tapar el sol con un dedo y permitir que a diario decenas de jóvenes en Chile y miles en el mundo, sean capturados para el tráfico, acceden a drogas de gran impureza y adicción y como un reguero se sigue entronizando la mafia.
Mientras, nuestros parlamentarios debaten si podremos poner en la casa una o tres plantitas de marihuana. Mientras, USA hace declamaciones para terminar con los narcos y su país, “controla” Afganistán donde se produce el 90% de la heroína que se consume en el mundo. Mientras, las ganancias del narcotráfico (que se estiman cercanas al 7% de todo el comercio mundial) buscan el blanqueo de esas utilidades ilegales y son los socios de la banca, de las decenas de paraísos fiscales, incluyendo el Ambrosiano Vaticano.
Muy sospechosa, entonces, esta sinrazón para mantener el actual estado de cosas. Pareciera urgente, más que urgente, poner este tema en la agenda para escuchar los argumentos de los defensores de las prohibiciones y comprobar, como afirmo, que cada uno de sus argumentos se destruye con facilidad. Los costos de vidas humanas y enormes recursos que implica mantener la actual situación lo exigen. El inmovilismo sólo lo justifica la complicidad o la cobardía.