El Agua, el oro del siglo XXI

07 Septiembre   528   Opinión   Andrea Gartenlaub
Columnista Diario El Centro
Andrea Gartenlaub

Profesora Asistente. Investigadora CEGES. Universidad Autónoma de Chile

Recientemente el Banco Mundial emitió un nuevo informe sobre el preocupante estado del agua en el mundo. El informe, en cuestión, se llama Quality Unknown: The Invisible Water Crisis -Calidad desconocida: La crisis invisible del agua-, y presenta inquietantes conclusiones acerca de los residuos, productos químicos y material plástico que vertimos en cursos de agua. Dicho en breve: esta práctica nos está envenenando.


Puesto en ese escenario, el Banco Mundial hace un llamado a los países desarrollados y en desarrollo para tomar medidas urgentes sobre el asunto. David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial, lo explica de esta forma: la contaminación no sólo golpea a las cosechas, también a la salud de los habitantes de las cuencas cercanas y de todo el ecosistema que lo rodea. Y para medirlo en términos económicos, asegura que “la falta de agua limpia limita el crecimiento económico en un tercio”.


Bajo este panorama los países de Latinoamérica tienen una ventaja por sobre el resto del mundo. Estos territorios poseen las que tal vez sean las más grandes reservas de agua dulce del planeta. Sin embargo, pierden ese recurso por falta de gestión y la contaminación de sus acuíferos.


En Chile, el problema es aún más agudo ya que nuestros recursos hídricos se hacen cada vez más escasos. Poseemos casi más de 1.000 ríos, más de 15 mil lagos y lagunas, y el agua procedente de las precipitaciones equivale a 53 mil metros cúbicos por persona al año superando en ocho veces la media mundial (Fuente: Recursos Hídricos 2030). Pese a ello, una larga sequía ha obligado a decretar emergencia agrícola desde las regiones de Coquimbo al Maule, zonas declaradas con escasez hídrica.


No es novedad. Un informe OCDE, denominado Evaluaciones del desempeño ambiental: Chile 2016, señalaba que nuestro país enfrentará duros desafíos para paliar la escasez y contaminación del agua, especialmente en zonas donde se concentra la agricultura y la minería.


En este punto, el Gobierno trabaja en más de un proyecto: nuevos embalses, incluso una carretera hídrica, pero debido a que estos proyectos necesitan de un esfuerzo en gran escala, expertos en el tema y el propio Ejecutivo evalúan otras soluciones a corto plazo como la instalación de plantas desaladoras, infiltración de acuíferos, y mejoras en el uso del riego agrícola.


Quedamos a la espera que estos esfuerzos, nos ayuden a gestionar mejor el recurso hídrico, el verdadero oro del siglo XXI.