El alma de Notre Dame

24 Abril   344   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

El lunes 15 de abril, millones de personas en todo el mundo clavaron su mirada en las pantallas que mostraban las estremecedoras imágenes del incendio de Notre Dame, en París. Parisinos y turistas se vieron demudados por igual ante la bárbara destrucción de un monumento de la fe católica y la cultura de la humanidad.
A riesgo de parecer insensible o retrógrado, me pregunto si esta transmisión “en vivo y en directo” superó la magistral descripción de Víctor Hugo. En1831, en Nuestra Señora de París, su inolvidable novela, narró un incendio imaginario, pero igualmente aterrador:
“Todas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral… en la parte más elevada de la última galería, por encima del rosetón central, había una gran llama que subía entre los campanarios con torbellinos de chispas, una gran llama revuelta y furiosa, de la que el viento arrancaba a veces una lengua en medio de una gran humareda”.
La destrucción ficticia puso en alerta a los franceses frente al deterioro creciente del recinto. En 1844 Luis Felipe I decretó su restauración. La obra fue confiada a los arquitectos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus.
La construcción original comenzó en 1163. Culminó en 1272, más de un siglo después. En los siglos siguientes, la Revolución Francesa produjo importantes daños, incluyendo la destrucción de la “flecha” original. (la misma que, repuesta por Viollet-le-Duc, marcó –ahora, al caer- el momento culminante del incendio).
Notre Dame se convirtió en un símbolo de París y de Francia. En 1801 fue devuelta al culto católico. En 1909 aquí fue beatificada Juana de Arco, paso previo a su canonización en 1920 en San Pedro. Estaba sólidamente en pie, como símbolo de la resistencia el 26 de agosto de 1944 cuando se celebró el Te Deum por la liberación de París. La ceremonia la encabezó Charles de Gaulle a pesar de que todavía había intercambio de disparos en las cercanías.
Para los católicos es el lugar dedicado por excelencia al culto de la Virgen María. Aunque con el tiempo se acumularon en este recinto numerosas reliquias, se puede ver la vida de la Virgen representada en diversos materiales y lugares.
Paradojalmente, es característica también la nutrida presencia de gárgolas y quimeras de piedra. Sobre su origen se ha especulado mucho. Se ha dicho que recordarían que el demonio habita más allá de los muros mientras que las almas pueden salvarse bajo su techo. Una mejor explicación la dio el profesor Michael Camille, autor de “Las gárgolas de Notre Dame: medievalismo y los monstruos de la modernidad”. Escribió que serían el reflejo de los debates de la Edad Media: “La integración de rasgos animales y humanos en las gárgolas y quimeras refleja las preguntas candentes del momento en torno a medicina, evolución y paleontología, entre otras ramas de la ciencia”.
Para Camille las gárgolas son “elementos de salvación no del alma sino del cuerpo del edificio”.
La reconstrucción de ese edificio es lo que ahora está en juego. El Presidente de Francia cree que es posible completar la tarea en cinco años. Confía en que no faltarán recursos: en pocos días las donaciones habían llegado a casi mil millones de euros.