El amor de Jesús ilumina nuestra vida. Cuarto domingo de Cuaresma. Juan 3, 14-21.

11 Marzo 2018   1161   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Dijo Jesús: De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado, porque no ha creído en el Nombre de Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.”
Ya estamos viviendo el cuarto domingo de Cuaresma y durante esta semana además, la mayoría de los jóvenes y niños han entrado a clases en todos los colegios de nuestra región y en el país. Les deseamos un buen año escolar y que todo su esfuerzo y su oración miren a Dios y a los hermanos para que de ese modo vean cumplido su compromiso y sus esperanzas se vean fortalecidas.
El texto de este día nos invita a tener presente el mandamiento eterno de Dios que es el amor. Es ese sentimiento tan profundo el que mueve toda la creación. La misión de Jesús es hacer que todos los hombres y mujeres lo busquen para alcanzar la vida plena y verdadera.
Nuestro seguimiento de Jesús nos lleva a esa vida verdadera, la luz que el evangelio de hoy nos presenta. Para muchos la vida cristiana se resume en cumplir algunos preceptos que permanentemente se recuerdan, pero que según el apóstol Pablo, es un pedagogo, la ley es alguien que enseña, para aprender a vivir de manera totalmente convertida y por amor todos los desafíos que se presentan para hacer de nuestro mundo y de nuestras relaciones fraternas el Reino de Dios.
La aceptación de esa luz, y su vivencia, lo hemos comentado anteriormente, produce en el mundo una corriente de respeto, de solidaridad, de servicio para con los más pobres y marginados, para que alcancen los bienes que los más privilegiados tienen.
En ese sentido podemos decir que el Reino de Dios y la salvación dependen en gran medida de uno, porque Jesús ya ha conquistado todo. Contemplamos cada día la cruz de Cristo que se levanta como señal de salvación. Y aparece como el faro que ilumina la vida de todos nosotros para seguirla. Un buen testimonio produce mucho bien en toda sociedad. Somos testigos de eso en nuestro país: toda la autoridad que representa hasta el día de hoy la figura de San Alberto Hurtado, la lucha por los derechos humanos en los años difíciles de nuestro país que le valieron una gran estima en los chilenos y en los extranjeros a nuestra Iglesia y que hoy en cambio se echa de menos porque se ha debilitado ese testimonio de cercanía, de compromiso de los pastores con las realidades de sufrientes. La gente de las comunidades se debilita cuando no hay testimonio y cuando su propia fe se va viendo defraudada.
Pidamos al Señor que volvamos a ser una comunidad que muestra a todos la imagen de Cristo Crucificado, como un gran signo de amor que se dona por una gran multitud de personas. Que podamos ser signos de luz para un mundo que padece de muchas oscuridades.