El arte cristiano

21 Abril   349   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Todo arte es expresión de la creatividad del hombre. Las obras de arte son múltiples. Ellas han sido concebidas y plasmadas en momentos históricos, circunstancias precisas, apreciaciones de los tiempos y, sobre todo, el genio original del espíritu y sentir del creador. Allí están las letras en todas sus variantes, las plásticas, desde las miniaturas hasta las esculturas monumentales, la arquitectura que a lo largo de los siglos nos regala con edificaciones magníficas, la pintura en formas y colores cautivantes, la música con los sonidos y armonías conmovedoras, etc. Pero, ¿qué tienen en común todas las artes humanas? Que cada una de ellas, refleja y da forma a la belleza. Por eso, la manifestación artística, despierta en quien siente, contempla, o palpa una obra, una experiencia de lo bello.
El arte cristiano, entonces, ¿en qué consiste? Sencillamente, es la expresión de la fe en Cristo Jesús, sentida y vivida, celebrada y sufrida. El arte cristiano deja su huella a lo largo de la vida de la Iglesia. Ahí están las catacumbas, las catedrales medievales, los grandes pintores y músicos renacentistas y actuales. Siempre encontraremos en los artistas de estas obras, que ellos han sido tocados por el misterio cristiano. Entonces, el artista cristiano, es capaz de concebir y realizar desde su interior una obra, donde la impronta y la vida de la fe, queda plasmada en forma escrita, poética, plástica o sonora.
Así fue el origen de los primeros signos que dieron sentido de pertenencia a la comunidad primitiva en torno a la eucaristía, con las señas de los panes y los peces, el ara del altar, el buen pastor llevando la oveja extraviada, o más tarde, los esplendorosos vitrales góticos de la catedral de Notre Dame de Paris.
¿No vibra aquí un arraigado espíritu común, que los mismos franceses han mostrado ante el horror del incendio? Esta catedral milenaria, significa y representa una memoria del país y mundial que se ha hecho patente.
También en el presente hay obras artísticas que proceden de una inspiración cristiana y católica: porque cada época tiene sus artistas, y los cristianos de hoy, han dado origen a bellas obras de arte. Conforme a nuestra sensibilidad contemporánea, tienen estas la propiedad de hacernos contemplar la belleza, que, para los cristianos, es perpetuamente el resplandor de la Belleza Eterna. “Eres el más bello de los hombres y en tus labios se derrama la gracia…” dice el salmista (Sal. 44). Y la Iglesia reza este salmo, reconociendo en él, a Cristo, camino, verdad y vida del hombre (Jn. 14). Así pues, el arte cristiano, no es más que el genio creador de un cristiano, volcado en una obra que hace brillar los misterios de la fe.