El efecto Scicluna

24 Abril 2018   1172   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

Nunca, en su historia, la Iglesia Católica chilena enfrentó una crisis como la que dejó al descubierto la carta del Papa Francisco. La inédita convocatoria a Roma con carácter de urgencia a todos los obispos chilenos, abrió las puertas a especulaciones de todo tipo. El jueves el cardenal Ricardo Ezzati fue durísimo: “Yo no soy juez para decir si encubrió o no, pero por el bien del pueblo de Dios y de la Iglesia, el obispo (Juan) Barros debiera dar un paso al costado”. Algunos obispos han planteado, incluso públicamente, la posibilidad de renunciar “si el Papa lo pide”.
Las expresiones del Pontífice penetraron profundamente en la generalmente dura epidermis episcopal. Recordó que envió a dos representantes suyos, Monseñor Charles Scicluna y el Reverendo Jordi Bertomeu Farnós, para hablar con los denunciantes de abusos dentro de la Iglesia: “Les envié a escuchar desde el corazón y con humildad… En lo que me toca, dice el Papa, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”.
Mientras no se efectúe la reunión en Roma, no se sabe qué medidas tomará el Papa. Sus expresiones acerca de la información (“mala y desequilibrada”) que reconoce haber recibido, han generado preguntas por ahora sin respuesta cierta.
En La Segunda, Benito Baranda, católico de militancia probada, apuntó que “una de las principales causas de la crisis de la Iglesia chilena fue la presencia del Nuncio Ángelo Sodano (entre 1977 y 1988)”.
Sodano impuso un sello conservador en el episcopado chileno, en agudo contraste con sus antecesores, especialmente Sebastiano Baggio, nombrado por Pío XII en 1953 y quien permaneció en Chile hasta 1959. En ese período, incluso en los años siguientes, fueron nombrados diversos obispos cuyo mejor momento coincidió con el Concilio Vaticano II (1962-1965).
El 18 de septiembre de 1962 expusieron su compromiso en la carta pastoral firmada por los 24 obispos de la época, con el título “El Deber social y político en la hora presente”.
Señalaron en dicho documento: “La hora que vivimos es la hora de la acción y es el momento en que se está gestando una patria nueva, queremos hacer llegar hasta vosotros la voz de la Iglesia. Tenemos el derecho y el deber de intervenir indicando los fundamentos morales, naturales y religiosos que os deben guiar en estas difíciles circunstancias”.
El pensamiento de los 18 obispos nombrados en tiempos de Sodano es muy diferente. Dada la cercanía de Sodano con Fernando Karadima no resulta extraño que los obispos actualmente cuestionados, incluyendo a Juan Barros, provinieran del entorno del párroco de El Bosque.
Este poder interno en la Iglesia Católica no lo perdió Sodano. Hace unos meses, cuando cumplió 90 años, el Papa Francisco tuvo especiales muestras de deferencia con él, A una misa celebrada en la capilla Paolina, asistieron numerosos cardenales y miembros de la Curia. El Papa le agradeció a Sodano su testimonio de “hombre eclesialmente disciplinado” y, según un periodista presente, “lo mucho que hizo por la Iglesia”.
No parece probable, pero es posible, que el Papa haya cambiado de opinión sobre Sodano luego del informe de Scicluna.