El Estado Moderno

25 Mayo 2018   907   Opinión   Bernardo Larraín
Columnista Diario El Centro
Bernardo Larraín

Presidente de Sofofa

En el último de los foros que organizamos Sofofa, UAI y UDP para debatir sobre la modernización del Estado, se discutió sobre el tipo de Estado que queremos desplegar en las próximas décadas. Pero para avanzar en esta reflexión, consideramos necesario abandonar las categorías tradicionales con que se describe el rol del Estado pues, creemos, dejaron de ser representativas de un aparato público moderno.
El Estado moderno no es el de Bienestar ni el Subsidiario, ni tampoco ninguna de sus variantes como el Estado Social de Derechos o el Estado mínimo. Y es que todos ellos representan fines en circunstancias que debemos pensar en el Estado moderno como un medio o instrumento, para no caer en la rutinaria discusión de más o menos Estado.
En efecto el Estado moderno es un medio o instrumento procesador de la complejidad propia de la modernidad, dirimente y generador de equilibrios, entre la multiplicidad de proyectos y causas, individuales o colectivas, que se expresan con facilidad por el acceso masivo a las tecnologías de la información.
Las propuestas de modernización del Estado que hemos trabajado en Sofofa buscan precisamente fortalecer este rol. Por ello es, por ejemplo, que necesitamos una agencia de calidad de políticas públicas. No para limitar la soberanía con que nuestros representantes deben reflejar en políticas públicas los fines que la ciudadanía expresa en el proceso electoral, sino para procurar que lo hagan teniendo debida consideración del conocimiento técnico, científico y jurídico disponible en una diversidad de actores de la sociedad.
Igualmente abogamos por un Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental capaz de levantar en una etapa temprana y participativa, las distintas vocaciones en tensión de un territorio, así como sus valores sociales y medio ambientales, y determinar cómo pueden equilibrase con las oportunidades de desarrollo que representa la ejecución de proyectos de inversión. Una vez procesada esta complejidad tempranamente, proponemos una segunda etapa de evaluación estrictamente técnico-ambiental.
Si compartiéramos esta concepción del Estado, podríamos avanzar con mayor facilidad en la modernización de su estructura, funcionalidad y gestión. Por el contrario, si nos empantanamos en discutir si el Estado debe ser más grande o pequeño, garante de derechos o sólo subsidario, habremos perdido esa oportunidad.