El fallo del próximo lunes.

24 Septiembre 2018   1872   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Cuando sean las 10 de la mañana del próximo lunes, Ud., al igual que yo y que millones de chilenos, estaremos pendientes de la lectura que, en La Haya, se hará del fallo emitido por la Corte Internacional de Justicia, referido a la demanda que Bolivia interpuso hace algún tiempo en contra de Chile.
Conviene, cuando estamos a siete días de aquello, recordar cómo ha cambiado la postura boliviana, que al inicio exigía sin ambages que nuestro país le concediera una salida soberana al Pacífico, postura que la realidad jurídica le obligó a morigerar, pidiendo ahora que la Corte declare la obligación chilena a negociar una salida al mar. De exigir territorio soberano, pasó a solicitar negociar dicha salida marítima.
¿Qué ha obligado a Bolivia a moderar su petición? Probablemente dos cosas: la certeza de sus asesores, en orden a que la Corte jamás accedería a obligar a un país a entregar territorio, pasando por encima de un Tratado válido y vigente (el de 1904) entre las partes. Y, además, que la campaña electoral de re-re-elección de Evo Morales necesita un triunfo o algo semejante a eso en la Corte y, la única manera de obtener algo siquiera parecido a una victoria judicial, es bajando la exigencia.
¿Qué pasará el próximo lunes? Nuestro país debe esperar uno de tres escenarios posibles tras la lectura del Fallo:
Que la Corte rechace de plano toda la petición boliviana y declare que Chile no tiene obligación alguna de negociar algo con Bolivia. Esta es la opción más favorable a nuestro país y constituiría, sin duda, una derrota completa de la pretensión boliviana. No obstante, la historia reciente indica que la Corte, recurrentemente, se inclina por fallos más bien políticamente correctos y, en tal contexto, no gusta de rechazar de plano las demandas, intentando contentar a todos con su pronunciamiento.
La segunda opción, menos jurídica pero políticamente más realista, es que la Corte declare que Chile, con su actitud a través de los años, ha generado su propia obligación de sostener negociaciones con Bolivia respecto de su mediterraneidad, pero sin que ello signifique un resultado predeterminado, es decir, que Chile deba necesariamente entregar una salida soberana al mar. Esta opción tiene la ventaja, para Bolivia, que podría ser presentada por Morales como un avance, pese a lo incierto de esas eventuales negociaciones. Para Chile, por otra parte, sería tranquilizador saber que la Corte reconoce su incapacidad para obligarnos a una negociación con resultado predefinido. Pero, a la vez, sería fastidioso tener que seguir durante años, negociando lo que, sabemos, jamás concederemos.
Y la tercera opción, improbable pero posible, es que el Fallo del lunes indique que Chile sí está obligado a negociar con Bolivia y que dicha negociación, necesariamente, debe concluir con la concesión de una salida soberana al Pacífico, restando sólo determinar la forma en que se cumplirá con dicha obligación. Los efectos de un Fallo así serían de tal magnitud, no sólo para Chile sino para la certeza misma del derecho internacional, que es difícil especular acerca de sus alcances y consecuencias, sin caer en escenarios que es preferible no abordar, por ahora.