El feminismo en acción

16 Junio 2018   804   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

Dicen que en un pasado remoto, lo que existía era un matriarcado. La razón estaba centrada en que se creía que la procreación por parte de la mujer era por obra del azar, de su capacidad para dar vida. Se creía que era una capacidad inherente a la mujer sin que se sospechase siquiera intervención por parte del hombre. De allí que la mujer estaba en primer plano, se le rendía tributo. Tenía una capacidad de la que carecía el hombre. Con el tiempo se descubrió que todo nacimiento es consecuencia de la fusión de un espermatozoide con un óvulo. Y a partir de ahí la cosa cambió. 

El hombre se sintió que era el que ponía la guinda a la torta; que sin guinda no habría nueva vida. Desde entonces, surge el patriarcado, que es el mundo en el que nos movemos.
La misma expresión feminista está siendo caricaturizada y atacada sin misericordia e injustamente. La lucha del mundo feminista no es contra el hombre, ni odia al hombre, ni busca privilegio alguno para la mujer. Se la caricaturiza cuando se afirma que buscan igualarse al hombre, que buscan ser como los hombres, que son amargadas, que no usan desodorantes, que no se depilan, que son infelices. Se la ataca cuando se elude el fondo de sus objetivos, centrándose en las formas y expresiones de sus protestas –manifestaciones, desnudos, tomas, pechugas al aire-, así como la rabia con que se expresan.
El feminismo es un movimiento que se rebela ante una “normalidad” que rechaza. No tiene por qué ser normal que quien maneje un bus o un tren, o quien dirija una gerencia, o integre un directorio, sea un hombre. Que la totalidad de quienes conforman el Consejo de Rectores, sean hombres nos dice que hay algo que no funciona. Los cargos de poder y/o prestigio suelen ser ocupados por hombres: mientras más arriba estás en una organización, menos mujeres encontrarás.
En concreto, los hombres “gobiernan”.
El feminismo pone el acento en el vaso medio vacío. Otros pondrán el acento en el vaso medio lleno. Hay avances, pero el vaso aún no está lleno, y mientras no esté lleno es natural que se persista en llenarlo.
El feminismo es un mundo conformado por mujeres y hombres. No todas las mujeres ni todos los hombres. Hay mujeres que se oponen al feminismo. Muchas de ellas, las que han logrado salir adelante “sin apoyos”, sin ventajas, y que por ello no ven por qué asignar “cuotas”. Extrapolan su particular realidad, su mundo, sin percatarse que la realidad de muchas mujeres es muy distinta.
La rabia que se expresa en las marchas, manifestaciones y tomas se explica por el cansancio que producen las dilaciones, las postergaciones, los ninguneos, los procesos indefinidos. Existe la sensación de que enojándose se consigue mucho más que si se dialoga. Existiría la convicción de que enrabiándose hay más posibilidad de cambios reales, de despertares, de esperanzas, que dialogando. Lo que el movimiento feminista demanda, no son declaraciones para el bronce, sino cambios reales.
Feminista es quien cree en una sociedad donde el sexo no hace la diferencia, quien cree en la igualdad social, política y económica, esto es, en la no discriminación. Este es el objetivo que se persigue, y por tanto, emulando a Chimamanda Ngozi Adichie, todos debiéramos ser feministas.