Miércoles, 19 de Septiembre de 2018
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Opinión

El hombre de hoy: ¿Qué Dios busca? Décimo octavo domingo del año. Juan 6, 24-35

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí, jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.
Luego después de la multiplicación de los panes, Jesús se va junto a sus discípulos al otro lado del lago y la gente, cuando se da cuenta, lo sigue, tomando todos los medios posibles para alcanzarlo. Personalmente, creo que hoy sucede lo mismo. Mucha gente sigue a Jesús, lo hace por distintas vías o caminos, que permiten conocer solo un aspecto de lo que él quiere entregar a la humanidad. El pan que perece. Se han dejado encandilar por un milagro que no es toda la riqueza que Dios quiere compartir. Una comida que se acaba y quedamos en las mismas condiciones que al principio: con hambre.
De manera desesperada buscamos salir de la crisis en la cual nuestra Iglesia está sumergida, y aparecen muchas soluciones para imponer a los demás. Muchas de ellas son llenas de ideologías y de deseos buenos pero que no llegan a ser un alimento fortificante, que le dé sentido a la vida de todos.
Muchos expertos en vida espiritual dicen que en los momentos de crisis hay que esperar. No decidir nada. Esperar que el Señor hable en la hora que él decida y que no será en un trueno o en un gran terremoto. Seguramente será en la brisa suave de la tarde. Pero para eso que necesario es que nos saquemos los ruidos externos e internos, para poder escuchar bien. Sino corremos el riesgo de imponer una voz que Dios no ha pronunciado, de hacer comer un pan que Dios no nos ha dado, sino que ha sido amasado con manos de personas que no han visto bien, que están ciegas por el influjo del tiempo que se vive.
Nuestro tiempo padece una crisis de sentido y es ahí donde apunta Jesús cuando invita a buscar el pan del cielo. Cuantas veces nos hemos quedado pegados a la pura inmediatez, a sanar las cosas más puntuales, hoy se dice “marchar al ritmo que te tocan”, cuando lo importante es saber proponer, darle razones que parten del evangelio para superar las grandes dificultades del hombre de hoy. Para eso se requiere diálogo, valoración de las culturas, reconocimiento de las personas, actitud de humildad para pedir perdón y actitud de grandeza para aceptar esa petición de perdón y no pensar en la venganza.
En nuestros tiempos se requiere saber mirar a Dios de una manera nueva, no ya el que realiza milagros para que todo cambie, sino el que te invita a caminar junto a él y te mueve a compartir como ya lo vimos en la multiplicación de los panes y los peces, colaborando para que todas las situaciones de dolor se superen gracias a la amistad que brota entre el hombre y su Dios.

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