Martes, 17 de Octubre de 2017
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Opinión

El lapsus de Guillier

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

De acuerdo al Diccionario de la Lengua Española, un “lapsus” es una falta o equivocación cometida por descuido. Y puede ser un “lapsus calami” cuando el error lo cometemos al escribir (al tipear, por ejemplo); “lapsus linguae” cuando nos equivocamos de palabra (decimos cojera, queriendo decir flojera), y “lapsus mentis” cuando momentáneamente olvidamos un dato o un nombre que queremos recordar.

¿Cuál de esos lapsus fue el que llevó a Guillier a decir lo que dijo en sus Bases Programáticas?

Cuando el pasado miércoles en la mañana nos despertamos con la noticia que indicaba que Guillier, el candidato de la izquierda, quería volver a fijar el precio del dólar, no entendíamos por qué tanta sorpresa y alharaca. Porque se trataba de las Bases Programáticas de un candidato cuya vocera es una diputada comunista, cuyo norte ideológico es la izquierda y cuyos referentes históricos ha dicho que son los Presidentes radicales, Allende y otros próceres semejantes.  Se trataba de una propuesta económica de un candidato apoyado por el Partido Comunista, Socialista, Radical y PPD, o sea, una propuesta salida del corazón de la izquierda más tradicional.

Entonces, ¿por qué la sorpresa?

¿Acaso querían que Guillier prometiera mantener la libre flotación cambiaria? ¿Alguien esperaba que los asesores de Guillier fueran, en lo que al tipo de cambio se refiere, promotores del libre cambio y de la oferta y la demanda? ¿Pretendía alguien que las Bases Programáticas del candidato de la izquierda defendieran la plena autonomía del Banco Central, establecida en la Constitución de Pinochet y Lagos?

Yo sospecho que lo que señalaban esas Bases (hasta que raudamente se corrigieron) era la más pura y estricta verdad. Sospecho que la compacta e innominada coalición que acompaña a Guillier en su candidatura, puso en ese documento la verdad de su pensamiento más profundo.  Sospecho que fue un arranque de sinceridad que, presurosos, enmendaron, señalando que se trataba de un error, que jamás se habló o pensó siquiera en proponer algo así. Que fue, a lo más, un yerro de tipeo que se les pasó a los diversos correctores y revisores. Que nunca y que jamás. Y que cómo se les ocurre que un eventual gobierno de izquierda iba a querer controlar el tipo de cambio.

No obstante las aclaraciones y correcciones, el resto de los chilenos, aquellos que conocemos el pensamiento y el modo de actuar de la izquierda, no creemos en tales explicaciones, las que sólo contribuyen a ensanchar el traspié.

Pero, y aunque parezca contradictorio, quiero decir que yo le creo a Guillier. Le creo cuando dijo que fue un lapsus. Sólo que se trató de uno nuevo y diferente. No fue un lapsus calami, ni linguae, ni mentis.  Fue un “lapsus honestitas”. Un arrebato de honestidad y de sinceridad que le hizo decir lo que realmente pretende, en el dudoso caso que llegue al gobierno.

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