Martes, 25 de Septiembre de 2018
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Opinión

El museo de la memoria

Rodolfo Schmal S.

La designación de Mauricio Rojas como Ministro de Cultura por parte del presidente Piñera volvió a enardecer el ambiente político, particularmente al mundo de la cultura y de los DD.HH. por expresiones vertidas en el libro Diálogo de Conversos. Libro escrito hace unos años junto con Roberto Ampuero, quien fue confirmado como Ministro de Relaciones Exteriores. Allí, Rojas sostuvo que el Museo de la Memoria era un montaje, afirmando que su “propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”.
Esta expresión, junto con otras, impulsó la petición de renuncia por parte del grueso del mundo de la cultura que se sintió ofendido con la nominación de Rojas como el responsable de las políticas públicas en materias culturales.
Calificar como un montaje el museo supone un desprecio por su significado. El museo no difiere mayormente de otros existentes en el mundo destinados a recordar los horrores producidos por regímenes dictatoriales. Son museos abiertos a la comunidad creados para no olvidar, pero cuyo fin esencial, es generar conciencia para que nunca más vuelvan a ocurrir lo que en ellos se denuncia. Son museos que se caracterizan por mostrar hechos, vía fotos, documentos, medios de prensa, lo que son capaces de hacer quienes logran el control total del Estado, cuando todos los poderes se concentran en una persona, en un partido político o en una clase social.
Estos museos no están destinados a analizar las causas de los horrores, porque no existe causa alguna que justifique horror alguno. En la discusión que ha emergido en estos días, han surgido voces que apuntan a una suerte de sesgo por parte de lo que presenta el museo. Lo que se muestra es el gran acuerdo que se supone que hemos alcanzado, y que no es otro que los horrores no debieron haber ocurrido jamás, y que por lo mismo, no deben volver a ocurrir bajo ninguna circunstancia.
Donde no hay consenso, es respecto de las causas que condujeron al período más negro de nuestra historia. Quienes insisten en meter en un mismo saco las causas de este período con lo ocurrido en el período propiamente tal no buscan sino justificar, implícita o explícitamente, lo ocurrido. Con ello abren espacio para que de repetirse las condiciones que generaron esta negra etapa, los actores que emerjan incurran en los mismos horrores pasados.
Que la caída de Rojas haya sido consecuencia de que hay personas que se pusieron de pie rechazando su nominación, es una muy buena noticia. Es signo de que el país mantiene su vitalidad, que está vivo.

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