El pecado de la centroizquierda y sus consecuencias

14 Febrero   426   Opinión   Ignacio Cárdenas Squella
Columnista Diario El Centro Ignacio Cárdenas Squella
Ignacio Cárdenas Squella

Periodista

Para los que hemos vivido desde la segunda mitad del siglo pasado hasta estos días y hemos estado atentos y con opinión de lo que ha sucedido en nuestro Chile, no puede dejar de preocuparnos el ambiente actual, ese tufo que nos mantiene intranquilos por el futuro. No comparto la creencia de algunos en que no se debe mirar atrás para construir el futuro; por el contrario, me quedo con Confucio y que sin estudiar el pasado (distinto que quedarse pegado) no es posible diseñar el futuro. Así, y para simplificar, encuadro esa óptica en el pasado reciente del cual podemos enmarcar dos etapas posibles de analizar con una perspectiva amplia: el período de la Dictadura y el de la Concertación. Todavía hay tantos que repiten majaderamente respecto del “milagro económico de Pinochet” (73/89), etapa en la que con la facilidad del poder total y, con cifras oficiales y no artilugios, se logró crecer en promedio un 2,9%, con una pobreza del 40% y un deterioro monstruoso de la distribución de la riqueza (los salarios del 89 eran menores que el 70). Durante la Concertación (90/2009) y con todas las trabas de la transición, el crecimiento fue del 5%, la pobreza se redujo del 40 al 15% y los salarios aumentaros en un 74%. Obras son amores y baste algunos ejemplos brutales en la infraestructura del país en que durante la Dictadura no se conoce de la construcción de algún hospital, Cesfam, salas cunas, jardines infantiles, colegios, carreteras relevantes (salvo la Austral) aeropuertos. Recuérdese que una crítica reiterada de la Derecha para denostar el último gobierno de Bachelet era que había prometido terminar 20 hospitales en sus 4 años y solamente serían 18… a qué seguir, si hasta los más conspicuos líderes de derecha reconocen que han sido los mejores años de desarrollo en la historia de Chile. Pero no me detendré en algo ya demasiado evidente para los que quieren ver, sino precisamente para de tal realidad concluir la miserable (por lo ciega y falta de vigor y lealtad) actitud de los Concertacionistas para defender su obra y a su presidenta. Tal desidia y gran pecado, aparte de cimentar la llegada de la derecha al poder, produjo la explosiva aparición de los sectores del actual Frente Amplio que supieron hurgar en las debilidades de la centroizquierda, apropiarse de un discurso, ocultarse en la bondad con que se acoge a la juventud y sus sueños (siempre buenos y necesarios) y la ignorancia que los marca el no haber vivido y trabajado en la feroz época que significó recuperar la democracia y gobernar para los más pobres. Fácil y regalada posición de esa vanidad que los hace pontificar y arrogarse el derecho de juzgar ese pasado reciente en vez de agradecerles la oportunidad de existir. Sé que se cometieron muchos errores y que faltó mucho por hacer, especialmente en la redistribución, no soy autocomplaciente, pero me rebela la soberbia sin causa de estos mocosos que, por poco, no nos están gobernando. Me hace recordarles a Nietzsche: “solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Y a los tantos de la centroizquierda que todavía influyen, llamarlos a levantar la mirada y con la modestia que entrega la generosidad, pero la firmeza que dan las convicciones, reconocer, sin complejos con los ultras, lo realizado y comprender que el mejor camino para Chile es el diálogo, lograr acuerdos aunque no sean siempre los ideales, siempre que contribuyan a la mayor felicidad de los más desposeídos.