El plebiscito de Trump

05 Noviembre 2018   1794   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Las elecciones legislativas de mañana martes en Estados Unidos, las que ellos llaman “midterms” porque ocurren justo en la mitad del mandato presidencial, y que siempre son consideradas una suerte de termómetro de la opinión pública respecto de la marcha de la administración, esta vez son bastante más que eso. Todos los analistas coinciden en señalar, y el Presidente Trump parece coincidir con el análisis, que esta vez las midterms son un verdadero plebiscito en que la ciudadanía expresará su apoyo o rechazo al actual gobernante. Porque Trump se ha tomado estas elecciones parlamentarias de manera personal. Si la ciudadanía está conforme con su gobierno, debiera votar por los candidatos republicanos. Y si, al contrario, rechaza la marcha del gobierno, debiera preferir los candidatos demócratas. Así de simple, claro y binario. Están conmigo o están en mi contra. Trump style.
Hace algunos días un medio norteamericano señalaba que Trump actúa como si él fuera el verdadero candidato. Ha llenado de mítines su agenda y disparado su actividad mediática para arengar a las masas contra la inmigración y una posible victoria de los demócratas. Solo entre el 6 y el 17 de octubre, improvisó seis encuentros con la prensa, concedió ocho entrevistas a distintos medios y celebró 18 actos públicos en los que hizo puntos de prensa. En total, respondió a 300 preguntas de periodistas en sólo 11 días, lo que según los analistas es más que lo que ningún otro Presidente en la historia ha hecho en un lapso similar.
Muy en su estilo, Trump considera que en las elecciones de mañana se juega el todo o nada.
¿Es tanto así? En este momento de polarización extrema de la política norteamericana los acuerdos parlamentarios son difíciles y, si los republicanos pierden el control de una o las dos Cámaras, el Presidente quedará atado de manos el resto de su mandato, sin lograr la aprobación de iniciativa alguna. Pero, además, si ganan los demócratas, podrían abrir una investigación de sus finanzas personales, o de los presuntos delitos relativos a la trama rusa o, lo más temido, que abran la puerta a un posible impeachment. Y eso sí que sería complicado para Trump.
Sin embargo, estas elecciones no sólo son clave para los republicanos y para Trump. También lo son para el Partido Demócrata. Si consideramos que el actual mandatario ostenta uno de los niveles más bajos de popularidad, a la vez que uno de los más altos de rechazo para un Presidente en medio de su mandato, el triunfo opositor debiera ser cosa fácil. Más aún si sumamos las decisiones polémicas, las continuas frases y comentarios presidenciales y casi cualquier decisión adoptada por la administración, que enardecen a los demócratas, liberales y progresistas.
Así las cosas, será interesante el análisis que, tras los comicios del mañana, harán ganadores y perdedores. Si el triunfo es del Partido Republicano, Trump quedará a las puertas de una probable relección dentro de dos años. Y si la victoria es Demócrata, ese triunfo desatará casi de inmediato una feroz carrera por la nominación presidencial de ese Partido, con Hillary Clinton y Michelle Obama en la línea de largada.