Lunes, 18 de Diciembre de 2017
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Opinión

Elecciones 2017: ¿Cómo decidir?

Jorge Navarrete

Académico U. de Talca

Ya la ciudadanía se encuentra en condiciones de decidir el futuro de Chile y del Maule para los próximos años.
Ello no es banal.
La democracia con toda su perfectibilidad posible, es el mejor sistema de convivencia y de desarrollo humano para una nación política y jurídicamente organizada.
Y es así porque el ciudadano por desvalido que sea el próximo día 17 de diciembre, su sufragio, preferencia o voto, “vale” o “pesa”, lo mismo que el del elector más poderoso de Chile.
Por tal razón, el ciudadano chileno sea hombre, mujer o gay, anciano, adulto o joven, blanco, mestizo o afroamericano, evangélico, católico, judío, hindú, musulmán, agnóstico o ateo, tiene la oportunidad, el derecho sino el deber, de sufragar para decidir el tipo de país en el que quiere vivir y convivir.
No votar, en el concepto de Aristóteles (ya antes señalado en esta columna) es propio de un soberano “idiota”, en el sentido que no le interesa la vida pública, la misma que incide en su propia existencia desde que nace hasta después de su muerte, pues las leyes que conforman las políticas públicas determinan el carácter del bienestar y de sociedad en que se quiere desarrollar cada ser humano y ciudadano.
Así, cada ciudadano verdadero que disfruta de los derechos que provee un Estado, y que asimismo cumple con los deberes que este establece puede – a través del voto- exigir que su representante, de ser elegido, cumpla lo prometido en su programa difundido. Es el denominado “Contrato Social” entre el elector y el elegido.
En ello es relevante –como punto de partida- conocer la trayectoria de cada candidato; sus aliados o probable equipo de gobierno que garantice el cumplimiento de su programa; su inspiración y coherencia democrática propia, y de sus acompañantes; su compromiso real con los intereses de Chile más que con los propios; su honradez o probidad a toda prueba; su tolerancia, consecuencia, perspectiva y profundidad sobre un genuino Estado Laico respecto de la vida íntima, familiar y espiritual de cada chileno y chilena; su sensibilidad humana y compromiso efectivo con el fortalecimiento de un genuino sistema de protección social para cerrar la las brechas e inequidades existentes; su actuar pasado y eventual proceder futuro sobre la descentralización de Chile y equilibrio territorial de las regiones y comunas; en fin -de ser elegido- su funcionalidad con los sectores poderosos y plutócratas del país, o con las grandes mayorías nacionales que exigen mayores espacios de libertad, de igualdad social y una convivencia más fraternal, justa y de real concordia.
Si al menos conoce ello, podrá tomar fundadamente su decisión al sufragar, y luego realizar el respectivo control social para que el futuro prometido por el candidato electo, sea realidad.
Gran parte de lo otro será apariencia, lavado de imagen, o posverdad. Y, si esto es lo que le convence, habrá mucho de autoengaño en su decisión, y en su voto.

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