Elecciones en Brasil

08 Octubre 2018   1745   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Las elecciones presidenciales realizadas ayer domingo en Brasil, no aportaron solución alguna al agudo problema de polarización que vive la sociedad brasileña. Y, me temo, la segunda vuelta que se realizará el 28 de este mes, tampoco resolverá el problema.
El triunfo parcial, pero muy superior a lo previsto por los analistas, del candidato de derecha Jair Bolsonaro y el segundo lugar, notoriamente más disminuido, del izquierdista Fernando Haddad, revela la situación descrita. La fuerte polarización política brasileña y, lo que es más importante, el grave problema de gobernabilidad que enfrentará quien sea que gane la segunda vuelta dentro de tres semanas.
Porque el 28 de octubre la ciudadanía brasileña elegirá entre estos dos extremos: la izquierda, comprimiendo su heterogeneidad tras Haddad, la figura de remplazo de Lula Da Silva, limando y ocultando sus enormes diferencias con tal de triunfar, volver al poder y, quien sabe, indultando a su líder y a todos demás dirigentes presos tras los escándalos de corrupción. Y la otra posibilidad es que los brasileños elijan a Bolsonaro, el ex militar rotundo, directo, extremo y derechista, que promete barrer con la corrupción y con la izquierda a quien culpa de todos los males que padece Brasil.
Y sea quien sea que gane el próximo domingo 28, desde ya debe saber que gobernará con una enorme oposición, ya sea en el Congreso o en las calles. En el Congreso, puesto que el atomizado panorama político de Brasil, con más de 30 Partidos, dificulta de sobremanera la formación de alianzas y compromisos estables. O en las calles, puesto que sea que gane Bolsonaro o Haddad, la sociedad brasileña ha desarrollado fuertes anticuerpos respecto de ambos. A Bolsonaro no le perdonan su conformidad política con las dictaduras militares de hace tres décadas, su crítica constante a la corrupción de los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff e, incluso, sus supuestas actitudes machistas, homofóbicas y extremadamente conservadoras. Y la oposición que, eventualmente, enfrentaría un gobierno de Haddad, provendría de esa enorme y sorprendente masa electoral que, ayer, prefirió votar por la derecha, antes que por el heterogéneo grupo de candidaturas de izquierda, demostrando así que repudian la corrupción que tiñó los gobiernos de Lula y Dilma, que serían el verdadero poder detrás del sillón presidencial.
Si bien la segunda vuelta el próximo 28 inclinará la balanza a la derecha o la izquierda, la gobernabilidad posterior será el nuevo problema que aqueje a Brasil.