Lunes, 22 de Abril de 2019

Opinión

En la familia resplandecen las virtudes humanas. Sagrada Familia de Jesús, María y José. Lucas 2, 41-52.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de Él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: ‘Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados’. Jesús les respondió. ‘¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que Yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?’. Ellos no entendieron lo que les decía. Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres”.
Una de las fiestas importantes de esta Navidad es la Sagrada Familia de Nazaret, es una imagen de lo que significa la comunión entre las personas y cómo se logran asociar para llevar adelante los proyectos que se van apareciendo y se comienzan a hacer propios para bien de los demás. La lógica divina pasa por canales que nos cuesta comprender y no tienen nada que ver con nuestros intereses de tipo personal o individual que nos hace valorar lo que hemos construido nosotros con nuestras propias manos.
Será por eso que muchas veces en todo tipo de tarea, pareciera que todo comienza cuando uno llega, es así como hemos sido testigos de planes políticos que se desechan porque eran de otro partido; y proyectos de una junta de vecinos que queda olvidado porque ahora hay otra directiva; planes parroquiales y personas encargadas que se cambian porque hay nuevo párroco. Y todos con la excusa de que no era lo que se necesitaba.
En una familia lo primero que surge es valorar lo que otro es y hace. La Santísima Trinidad no anula a ninguna de las personas que la forman: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo realizan su obra sin ser obstáculo el uno para el otro, sino que en comunión cada uno ama la creación que juntos han iniciado.
José y María se “someten” a la voluntad divina porque han aprendido a amar de manera verdadera. En un amor que no piensa en sí mismo, sino que en el bien del otro, en la realización del Reino de Dios. A pesar de la dificultad inicial, supo responder a lo que el Ángel le ha dicho y asume cariñosa y comprometidamente la tarea de ser verdadero padre de Jesús. Así entonces se constituye en el padre que el Niño necesita para crecer acompañado y con la guía que se necesita para ir descubriendo la Palabra de Dios que se hace vida en esa nueva persona que ha nacido.
Hoy en día se echan de menos las familias que se reúnen cada domingo para compartir un almuerzo o para celebrar el aniversario de un integrante de ella, o simplemente para estar. Sin celulares que interrumpen las conversaciones y que nos hacen vivir “amontonados” pero en soledad.
La familia verdadera siempre hace surgir lo mejor de cada persona, invita siempre a compartir las aptitudes artísticas, los logros académicos, los talentos que construyen una vida. Son promotoras de personas, porque no existe el miedo. No hay en la familia temor a ser descubierto en tu fragilidad, en tus vergüenzas, porque ella te cuida y te corrige, te hace volver a la caravana donde estarás hasta que sea tu edad de empezar a entregar lo que aprendiste en ella. Te impulsará a ser ese alguien que ya eres, pero todavía no lo sabes.

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