En tierra derecha, hacia la elección de gobernadores regionales

18 Septiembre   639   Opinión   Jorge Burgos Muñoz
Columnista Diario El Centro
Jorge Burgos Muñoz

Director Junta de Adelanto del Maule

En febrero de 2018 se promulgaron dos leyes muy relevantes para la agenda de descentralización, la Ley de Fortalecimiento de la Regionalización y la Ley Orgánica Constitucional que regula la Elección de los Gobernadores Regionales. Se trata de una oportunidad histórica, inédita en nuestros antecedentes como República.
Respecto a esta última ley, nos encontramos a casi un año de elegir a nuestra autoridad regional. No son pocos los desafíos que nuestro(a) representante deberá abordar. La Región del Maule ha figurado permanentemente en posiciones postergadas en cuanto a índices que reflejan desarrollo de infraestructura y humano. Vivimos las consecuencias de una incapacidad histórica para llevar adelante una estrategia de desarrollo regional que convoque al sector productivo, gobierno local, sociedad civil y organizaciones de educación superior (La tetra hélice como se menciona en contexto académico). Estamos enfrentando los efectos de la crisis climática en sectores productivos sensibles de la región y en nuestro diario vivir.
Todo esto, demandará que dicha autoridad posea cualidades que la destaquen de entre sus pares. Naturalmente es deseable un vínculo intelectual y afectivo con la Región, una visión de largo plazo, que trascienda la contingencia, un liderazgo y credibilidad que convoquen y que sumen los aportes de los diferentes sectores que aportan al desarrollo de la Región, todo esto en un marco de probidad y transparencia inherente a cada una de sus decisiones y acciones.
La Junta de Adelanto del Maule (JAM) se ha planteado acompañar de manera decidida este proceso. Recientemente, hemos realizado en la UCM, junto a la Fundación Chile Descentralizado, un seminario que ha contado con actores políticos, sociales y académicos y que tuvo como objetivo poder difundir este proceso y entregar elementos que ayuden a enriquecerlo, pues entendemos la trascendencia que tiene. Hemos notado con preocupación que existe mucho camino por recorrer al respecto, para que este proceso sea realmente participativo y nos permita contar con un liderazgo en la Región que impulse su desarrollo en los próximos años.
En este contexto, no queremos dejar de colocar sobre la mesa la posibilidad de contar con el voto programático, que le impone al candidato electo la obligación de cumplir con el programa que debe presentar de manera formal al momento de postularse y someter a evaluación, con los antecedentes a la mano, la efectividad en el cumplimiento de dicho programa, a riesgo de revocar el mandato en caso que no se cumpla con lo ofertado.