Encuentros

05 Agosto 2018   540   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Hay ocasiones en la que somos sorprendidos por encuentros, los que permanecen, y resuenan todavía en nuestro interior. Ellos van más allá de una cita o reunión concordada, sea en el café, la universidad, la casa de la hermana o la Ciudad Abierta de Amereida, sector de Punta de Piedra, localidad de Ritoqui. Los encuentros a los cuales me refiero –experiencia común-, son aquellos en que el contacto con nuestro interlocutor o interlocutora, adquiere un carácter muy preciso: el encuentro personal.
Descubrimos sintonía y valoraciones, sueños y esperanzas compartidas. La escucha se llena de sentido, verdad y belleza. Descubrirnos al otro en el diálogo libre; tal descubrimiento nos ensancha el mundo, fecunda el pensamiento y el aprecio por los lugares, los sucesos, las personas, las contingencias. En esos encuentros convergen las tradiciones, conocimientos y biografías de cada cual. Las trayectorias vitales en torno a la mesa, suscitan el estímulo y el gozo de estar con alguien en cuyas andaduras y quehaceres semejantes nos reconocemos: investigaciones, proyectos o vivencias.
Entonces, no solo son las ideas las que asisten a la fiesta del encuentro. Vamos haciendo un itinerario en el propio decir de las palabras que afloran espontáneas. Se nos hace manifiesto en las expresiones del rostro y facciones, el ánimo de entusiasmo, interés, acogida. Lo que contamos y nos contamos toma compromiso. Vibramos por lo mismo, aunque desde diferentes perspectivas...
Son momentos únicos, fundamentales, magníficos. Por eso quedan en el alma y el corazón. Pueden ser encuentros familiares, de amigos o de nuevos conocidos. Estos encuentros a los que me refiero, dejan ver dónde arraigamos los humanos. Sí, las tareas y las funciones, las responsabilidades y misiones, tienen sentido solo cuando proceden desde lo más hondo de las personas, y los vínculos otorgan un dinamismo propio de la entrega, el servicio, la humildad.
Desafortunadamente, estamos carentes hoy de estos encuentros vivos y cordiales. Nuestra sociedad y febril trabajo organizado, deja en desamparo a la persona. Todo se planifica y calcula para indicadores de éxito. La razón instrumental pide meras funcionalidades. Los rendimientos están resguardados por celosos vigilantes de la institución que sea. Así, la labor pierde alma y coraje. Falta el encuentro de quienes la gestan. Hasta que poco a poco se vacía el trabajo, derivando en mecánica, sin entrega…
Nos hace falta tener tales encuentros. Hay que buscarlos y cultivarlos. Por ahí hallaremos la senda de más cordial humanidad…