“Entrar por la puerta estrecha”. Vigésimo primer domingo del año. Lucas 13, 22-30.

25 Agosto   533   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: ‘Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?’. Él respondió: ‘Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: Señor, ábrenos. Y él les responderá: No sé de dónde son ustedes. Entonces comenzarán a decir: Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas. Pero él les dirá: No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”.


Acabamos de celebrar alegremente nuestro Encuentro Diocesano del 15 de agosto hace unos días atrás. Un momento de especial significación para la iglesia porque nos habla de algo que ha ido ocurriendo hace muchos años en nuestra vida de fe. Es un proceso de apertura a realidades nuevas de exigencia evangélica.
Antiguamente nos acostumbramos a esperar que las personas vinieran a buscar diversos servicios de tipo pastoral: sacramentos, bendiciones puntuales, una confesión o conversación de tipo orientación de la vida y algunas tareas de caridad. Pero el Sínodo de hace 30 años nos ha dispuesto de manera activa en la mirada a una realidad que plantea infinitas preguntas a los fieles y se deben responder responsablemente y con la misma intención y tono que Jesús lo haría. Muchos creen que la vida cristiana es un simple cumplimiento de normas estrictas y referidas a lo cultual. Pero Jesús y el Sínodo nos aclaran que el mundo entero es depositario de la Buena Nueva. La palabra de Dios debe llegar al corazón del hombre y desde ahí al corazón del mundo.


De ahí surge entonces la preocupación por las relaciones humanas fraternas, la justicia social y la doctrina social que la inspira, porque todos los problemas humanos son problemas de la Iglesia. Surge una mirada nueva hacia el planeta en el cual habitamos porque vemos que se ha desgastado y la tierra fértil ya no lo es tanto, el agua que consumimos se ha hecho escasa y en muchos lugares se ha contaminado con la basura y, el plástico es el mayor invasor. Todo esto provocado por la mano del hombre.
Dios quiere que todos se salven, es cierto. Pero conocemos su propuesta que trae consigo una opción personal de seguirlo y vivir como él lo ha hecho. De ahí este ejemplo de la puerta ancha y la puerta angosta. Quienes de verdad hacen una opción saben que implica trabajo, esfuerzo, creatividad porque somos compañeros de viaje de Jesús. No somos “tirados”, como los que miran y siguen desde la calle los desfiles, y no se comprometen con nada ni con nadie, vieron a Jesús pasar, lo conocen como los que piden autógrafos a los famosos, pero no viven ni sienten como él.


El amigo de Jesús sabe su preocupación, su alegría y su pena; le acompaña pero además, se compromete con su misma suerte que será la cruz. Vergüenza para los judíos, pero signo de victoria para los que entraron por la puerta estrecha.