¿Es Chile un país pobre? Sexto domingo del año. Lucas 6, 12-13. 17. 20-26.

17 Febrero   396   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos a los que dio el nombre de Apóstoles. Al bajar con estos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: ‘¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!’”.


Continuamos reflexionando el texto de San Lucas, al parecer muchos de los que seguían a Jesús eran personas con medios económicos, es decir, no eran pobres materiales. Por lo tanto, el evangelista, les invita a tener un estilo más cercano a lo que Jesús nos decía: hoy escuchamos muchas veces el llamado a acercarse al Jesús histórico para vivir y ser una iglesia más fiel a su maestro y para predicar con mayor credibilidad. Esta situación de crisis comenzó hace ya veinte siglos. Lo triste es que todavía no la superemos.


El texto nos invita a escuchar las bienaventuranzas. Mi preocupación es ¿a quiénes va dirigida en el Chile de hoy? Seguramente alguien se sentirá interpelado y creerá que es para él porque tiene un sueldo mínimo. Seguramente otro cree que es para él porque es un minero o pescador olvidado por las leyes que favorecen a los grandes empresarios, a lo mejor está dirigida a los pueblos originarios que después de 500 años siguen siendo tratados de manera discriminatoria.


Nos dicen los estudios, no solo chilenos, sino también internacionales, que ya no somos pobres. De hecho, todas las instituciones que nos aportaban ayuda económica para los programas de asistencia social han dejado de hacerlo por esa razón: las prioridades son las naciones pobres que en América son Bolivia y Haití. Los chilenos padecen de pobreza como el egoísmo, el individualismo, xenofobia, ambiciosos. Pero no pobreza económica.


Nos falta aprender a ser pobres, como se conocía la gente en la antigüedad: aquella que era capaz de pensar en la vecina que necesitaba un poco de aceite, una bolsita de té, un poco de azúcar, etc.; nuestra pobreza no es de indigencia material sino de pobreza espiritual.


Creo que es importante crecer en ese ámbito y para ello se requiere una opción personal por el silencio, la oración, el escuchar a los otros para sentir con ellos su dolor y sus anhelos en medio de las cosas que tienen. Cosas que no han logrado traerle felicidad porque finalmente nos hemos quedado solos, mis cosas y yo.


Las bienaventuranzas son un llamado a tener un estilo de vida nuevo. Son la nueva ley que Jesús, el Mesías viene a proponer. Frente a la ley mosaica que nos dice ¡NO! a todo. Jesús nos viene a decir ¡SÍ! Sean capaces de vivir en actitud y verdaderamente en pobreza. Y que no anula la ley antigua, sino que la hace mejor. Tengan los deseos de ser justos y hacer justicia. Aprendan a vivir la vida con libertad de ser y de dar lo que les gustaría ser y tener. Nos hemos hecho tan esclavos de las cosas que compramos que ya no disfrutamos nada, todo es enemigo y todo puede ser una amenaza. En Jesús somos realmente bienaventurados. En su vida somos verdaderamente hombres y mujeres. Con Cristo, construimos esperanza, decía una antigua canción.