Esplendor primaveral

30 Septiembre 2018   1808   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La claridad se adentra por las ventanas y las puertas de los hogares y edificios. Los espacios y caminos vuelven a mostrase limpios a los ojos.

En el patio de la casa veo el damasco ya florecido. Los renuevos en otros huertos con sus yemas, me invitan a pensar en el esplendor primaveral, en el ciclo vital de la naturaleza, que impone el curso a los sucesos originarios; todos nuestros sentidos irrumpen con el vigor que germina...
La jornada cotidiana, el trajín y la tarea que nos toca, son afectados por el aroma de los brotes que acarician las fibras íntimas de la memoria. Aunque sabemos del carácter de la primavera, siempre esta nos estremece.
Asombrado percibo que cada tiempo en regularidad perpetua, posee la fuerza por la que nuestros actos, pensamientos, temores, sueños, tristezas y búsquedas inconclusas, reciben una impresión nueva. Los mismos lugares y las mismas personas ahora se presentan en figuras y rostros transformados. El mismo vestir es más liviano. Todo se renueva.
¡Las noches nítidas de estrellas titilando lo demuestran!
Sucesos humanos nos hacen dudar y vivir la incertidumbre; paralizar las energías, confundir la inteligencia, sin encontrar senderos abiertos y libres. Pero el esplendor primaveral está ahí, manifiesto, para infundir la confianza, e incitándonos a salir de la modorra, la esclavitud y la conciencia adormecida.
Hay que volver a mirar desde adentro lo que está al alcance de la mano, próximo, y lo que sobrepasa nuestras capacidades y decisiones, con óptica distinta, fresca, libre, semejante a los retoños victoriosos sobre el cansancio y el hastío. Celebrar el triunfo de la vida, a pesar de tantos desengaños.
Son muchas las preocupaciones que golpean al ánimo, pudiéndolo aturdir y endurecer. Sin embargo, he aquí que donde la flor se obsequia tierna, la inocencia llega y crea atmósfera procedente del aroma puro. Las heridas son sanadas, para encarar las injusticias que azotan la zozobra de la historia, con el mismo aliento divino que recrea y bendice todas las cosas y los seres.
Tras la humedad que pudrió la semilla en la tierra, nace ahora el fruto deslumbrante. Me acerco a la excelsitud de la primavera con reverencia, para descubrir agradecido, lo que nos viene, la vida simplemente, abundante y bella, vida oriunda del divino silencio y que prospera callada entre nosotros.
Ante los retoños del esplendor primaveral, me inclino agradecido y reconozco el aliento misterioso y el fuego abrasador del Dios presente...