Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
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Opinión

Estado Laico, despenalización y dignidad de la Mujer

Jorge Navarrete

Académico U. de Talca

La Organización Mundial de la Salud define el aborto como “la interrupción de un embarazo tras la implantación del huevo fecundado en el endometrio antes de que el feto haya alcanzado viabilidad, es decir, antes de que sea capaz de sobrevivir y mantener una vida extrauterina independiente”.

Por eso la ONU fijó entre 20 y 22 semanas el tiempo para eventualmente interrumpir el embarazo. A ello han adherido 189 países de los 193 que conforman las Naciones Unidas. En Chile, la ley de despenalización fue promulgada en el gobierno del católico presidente Eduardo Frei Montalva, siendo derogada por la dictadura de Pinochet.  Por tanto, sólo en el 1% de los países el aborto está totalmente prohibido. No se trata de una mayoría: es casi unánime tal despenalización en el mundo.

Dicho de otro modo, países tan bíblicos como Israel, o tan católicos como Italia y España han despenalizado el embarazo en tres causales e, incluso estos dos últimos países han legislado a favor del aborto libre donde además es gratuito.

 Así, sustentada en la ciencia, en la bioética laica y en las más dolorosas realidades que afectan a la mujer chilena, la Presidenta Bachelet -con admirable coraje moral- enfrentó al integrismo católico y a la ultramontana derecha militarista, presentando un proyecto de despenalización del embarazo que NO obliga a ninguna mujer a practicarlo pero que liberaría del presidio a las mujeres que asuman tan dolorosa decisión, fundamentada en su trágica circunstancia y en su inalienable libertad de conciencia.

La reacción integrista no se hizo esperar. La impertinencia de la Iglesia Católica por inmiscuirse en decisiones propias de un Estado Laico y de toda mujer libre, ha dejado perpleja a la ciudadanía chilena. La declaración de la Conferencia Episcopal fue tan indolente como desinteligente al referirse a las causales de peligro de muerte de la madre, de inviabilidad del feto, y de violación de la mujer, como “embarazos difíciles”.

Esta Iglesia siempre ha presionado a la República, en especial a los parlamentarios para que legislen como católicos y jamás como representantes de la ciudadanía de la que son depositarios.

La Iglesia Católica pretende montarse sobre la República. Incluso exhorta y afirma que no aplicará tal ley aunque, eso sí́, no renunciará a los dineros de este Estado Laico que, en el Maule les ha obsequiado ya más de 16 mil millones de pesos sólo para reconstruirse después del terremoto.

Es decir, carece de dignidad hasta para separarse de este Estado Laico al que ataca por asumir decisiones éticamente laicas y no dogmáticas.

Obviamente, esta Iglesia Católica tiene todo el derecho de imponerle su directriz dogmática a la mujer católica. Pero jamás tendrá el derecho a imponerle ello a la mujer chilena no católica o librepensadora. Esta Iglesia no está por sobre el libre arbitrio de la mujer chilena, pues en éste derecho radica la dignidad verdadera de cada mujer y de todo ser humano en la faz de la Tierra.

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