Lunes, 15 de Octubre de 2018
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Opinión

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” Vigésimo segundo domingo del año. Marcos 7,1-8.14-15.21-23.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?». Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Luego de varios domingos volvemos a retomar el Evangelio de San Marcos. Es un libro escrito para comunidades que no conocen la tradición judía por lo tanto explica algunas costumbres o usos para mayor comprensión de la enseñanza de Jesús.
Durante los comentarios anteriores hemos ido conociendo a Jesús el Pan de Vida, su enseñanza y su vida toda nos van acercando a su persona de un modo radical. No solo como simpatizantes, decíamos, sino como verdaderos discípulos que aprenden de él lo mejor. Una manera de vivir que tiene consecuencias en la vida concreta.
Para los judíos es importante que todos cumplan ciertas normas de tipo externo y su enseñanza se dedica a los ritos. Todo lo concerniente a la pureza, a lo que se puede hacer o no dentro de una celebración de la comunidad. Y, además, con la fuerza de que los padres la enseñaron.
Jesús los escucha atentamente y luego les corrige de manera dura, porque todo lo que se vive es simple tradición humana, no tiene su fundamento en el encuentro vital con el Padre Dios, del cual Jesús es el misionero principal. Los discursos del Pan de Vida nos han dejado claro que se trata de hacernos otro Cristo, de vivir con la mirada de Cristo que expresa litúrgicamente lo mismo que está sintiendo.
odemos recorrer muchos signos que podrían mejorar en nuestros encuentros litúrgicos para que se transformen en una vida que llena toda la sociedad. Por ejemplo, cuantas personas llegan a la misa con el objetivo de que me digan lo que debo hacer; un cristiano adulto viene a la eucaristía para celebrar algo que ha pasado de manera total en la historia con la entrega de Jesús por nosotros, pero además viene con la alegría de un logro, con la pena de una pérdida, con la esperanza de algo que pide al Señor en la oración; viene con el oído atento a lo que la Palabra me inspirará y me llamará en una buena homilía o en la reflexión personal y me devuelve luego a crecer y a expresar en el mundo lo descubierto, la misión es hacer vida lo que Cristo nos ha dicho. El gesto de la paz, que muchas veces parece un saludo a todos, no siempre tiene el verdadero deseo de encontrarse con aquél que he ofendido y por eso a veces es un simple dar la mano a alguien. Y en los funerales se ha transformado en el pésame a los familiares.
Un culto verdadero sabe recoger de la vida lo que entregamos y recibe luego lo que Dios nos entrega como alimento para mejorar el mundo en el cual vivimos. Es por eso que se transforma en misión: en anuncio de paz a los hombres y mujeres del mundo, en pureza del aire y del agua que consumimos y en trabajo permanente para que su nombre viva. Por lo tanto, no es repetir ritos vacíos, es llenar de contenido la vida. Es llenar de amor al mundo a partir de algunos ritos que nos recuerdan el amor de Jesús que se dona en el pan y el vino.

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