Estéticas de la pobreza

20 Septiembre   465   Opinión   Víctor Yáñez Pereira
Columnista Diario El Centro Víctor Yáñez Pereira
Víctor Yáñez Pereira

Universidad Autónoma de Chile

A diferencia de Alexander Gottlieb Baumgarten, considero que la estética no solo se traduce en lo bello. Comporta experiencias, sensaciones, percepciones, juicios y sensibilidades sobre objetos y realidades a las que atribuimos cualidades, moviéndonos por ejemplo entre lo bello, lo sublime, lo selecto, lo vulgar, lo grotesco, lo miserable.
La estética es una marca de la modernidad y su fuerza de modernización, en la sociedad contemporánea, arrastra rostros duros como la exclusión y desintegración no sólo económica, también de valores, subjetividades, identidades. Esas son manifestaciones estéticas de la pobreza, proyectadas en imágenes sociales, culturales, políticas, económicas, materiales, emocionales, que orientan diversas maneras de vivir la vida, no sólo en satisfacción de necesidades básicas (acceso a alimentación, sanidad, vivienda, salud o educación), sino en oportunidades de realización humana e integridad social.
Así, la pobreza deja de significar una sola cosa: una medida econométrica. Con su enunciación podemos aludir, incluso, a opulencias vacías, o sea “sería menos pobre quien menos cree necesitar”, como lo asevera la metáfora popular diciendo que alguien “es tan pobre que lo único que tiene es dinero”.
Entonces, hemos de aprender a hablar de pobrezas, como lo han hecho Max-Neef o Hoppenhayn, para no encasillarnos en un determinado nivel de ingreso. Las pobrezas no están únicamente en la necesidad, la subsistencia o la protección, también en el afecto, entendimiento, participación, imaginación, creación, visón de futuro, etc. ¿Acaso no es pobreza vivir en países donde el crecimiento económico va consumiendo poco a poco la vida de las personas y sus territorios?
Las pobrezas conjugan, por una parte, insuficiencia de lo material y de servicios, pero, por otro lado, impactos duraderos, intensos y multidimensionales de violencia, autoritarismo, opresión, relaciones de explotación, marginación, discriminación, armamentismo, deterioro medioambiental, degradación de principios culturales y éticos, catástrofes políticas, etc.
Todo ello define a los países y sus ciudadanos, siempre que seamos capaces de entender que luchar contra la desigualdad, que acarrea pobrezas, es el eje de todo proceso de desarrollo y superación social, construyendo sociedades más justas, equitativas y democráticas.