“Éstos son mi madre y mis hermanos” Décimo domingo del año. Marcos 3, 20-35.

10 Junio 2018   910   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: <<Es un exaltado>>. Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: <<Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios>>. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: <<¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre>>. Jesús dijo esto porque ellos decían: <<Está poseído por un espíritu impuro>>. Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: <<Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera>>. Él les respondió: << ¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?>>. Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: <<Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre>>.
Ante el avance del bien siempre surgen voces que tratan de restarle valor. Es la táctica del mal para acallar al Salvador del mundo. En este texto bíblico vemos que con gran ardor y con una inteligencia sobresaliente, pero con caridad profunda, Jesús va haciendo presente la realidad del Reino de Dios. Pero surgen las voces de aquellos que tienen apego al poder desestimando todo lo que se realiza en bien de los enfermos, de los pobres, de los endemoniados.
Alegan que son obras de Belzebul, seguramente porque los saca de la casa refiriéndose al templo y los invita a vivir de una manera distinta al cumplimiento de los ritos y leyes que debían adscribir con su vida los habitantes judíos.
Pero Jesús les hace ver que es un contrasentido pensar eso, si Dios quiere el bien de sus amigos, quiere el perdón de los pecadores y no que sean castigados y mueran, por lo tanto no son obras del demonio sino del Dios de la Vida que está a favor de los marginados y de los excluidos para devolverles su dignidad y convertirlos en verdaderos hijos e hijas de Dios.
La pureza ritual es mucho más que el lavado de pies y manos, más que la pureza de los vasos sagrados; tiene que ver con la pureza del corazón, con la disposición a que en la vida se puedan dar testimonio del gran amor que cada hombre y mujer ha recibido de Dios que lo ama y que en las dificultades lo ha librado. Esa situación lo lleva a ser un agradecido en la vida y una persona que pertenece a la familia de Dios porque cumple el fondo de la ley: AMA.
En estos días hemos tenido la tentación de alejarnos de todo lo que sea Iglesia, sacerdotes, comunidad cristiana; porque al parecer queremos una institución sanita. Ojalá así sea. Para eso luchamos cada día. Pero la comunidad de los amigos de Jesús surge como una institución dañada, que tiene a un primer pastor que niega a su Maestro, que tiene un traidor como apóstol, todos huyen, solo queda Juan porque acompaña a María. La Iglesia ha nacido con las fallas humanas que todos conocemos a través de los siglos. Pero en ella, Jesús ha sanado a muchos y lo sigue haciendo hoy. Es la única institución que puede ser contraparte ante las fuertes embestidas del demonio que intenta imponerse con las armas de la guerra, de la droga, de las epidemias, de las corrupciones sin que nadie le diga nada. Cuando existe una institución que busca el bien, se le acalla, se le destruye de cualquier forma para mantener el dominio del mal.
La Iglesia de Jesús, enferma, no se queda detenida, sigue adelante porque su misión es sanar, es valorar, es apoyar.