Martes, 16 de Julio de 2019

Opinión

Estudiantes con sello ciudadano

Víctor Yáñez Pereira

Universidad Autónoma de Chile

Para la Universidad Autónoma de Chile, la apuesta viene dada en potenciar un proyecto profesional socialmente responsable. En tanto principio ético y político que insta al compromiso con el bien común y la promesa por aportar a la construcción de una sociedad cada vez más democrática y pluralista. Ser responsable, significa aprender a responder por nuestros actos y decisiones, siendo reflexivos sobre las consecuencias de los mismos y respetuosos con la libertad de nuestros congéneres.
En la formación, es el sello lo que oficia como estampa, no sólo identificadora, sino ante todo identitaria en los estudiantes. Ofrece una garantía de distinción, por diferenciación con todos aquellos sujetos y entidades que no lo portan. Es, por consiguiente, una muestra de validez y confianza, como también una forma de cultivar la legitimación, desde la que se va grabando la imagen de los profesionales formados en la Autónoma.
Así pues, el sello ciudadano implica que los estudiantes sean el activo socio-político del presente y no la reserva del futuro. Esto conlleva, fomentar una ética reflexiva e incidente que permita trabajar para alcanzar mayor cohesión, justicia y bienestar social, frente a situaciones de vulneración, privación o falta de derechos y oportunidades, aportando desde el saber, la innovación y la praxis a mejor la calidad de vida y convivencia social, como expresión de ciudadanos activos y organizados.
Destaquemos que la misión de cada Universidad manifiesta su propia razón de ser, desde la que se formulan propósitos bajo los que, a lo largo del tiempo, se va configurando lo que se espera realizar y aportar a una sociedad, donde los ciudadanos no son meras unidades productivas o cifras de consumo, en el espacio físico-administrativo de las ciudades. Son claves de poder, agentes de participación y constitución de escenario de desarrollo, donde se crea y recrea el fundamento de la vida cotidiana y, por tanto, la base de diversas maneras de vivir la vida, así como el carácter común de la vida pública, que inspira ideas sobre el porvenir de un país. Para ello, debemos hacer triunfar la premisa aristotélica de que “somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito ciudadano”.

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