Jueves, 23 de Mayo de 2019

Opinión

Eutanasia para niños.

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Puede que sea porque estamos inundados de impactantes casos de corrupción e inmoralidad manifiesta, que copan todos los titulares, la tramitación del proyecto de ley que busca despenalizar la Eutanasia ha transcurrido con poca notoriedad, pese a que la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados ha aprobado, nada menos, que incluir a niños desde los 14 años en tal situación. Por cierto esta iniciativa, legalizar la asistencia al suicidio y la eutanasia, es una más de las tantas y lamentables copias que hacemos desde aquellos países que llaman “progresistas”, en donde matar seres humanos, sea abortándolos, sea ayudándoles a suicidarse, sea matándolos a petición del interesado, se ha convertido en una política casi más importante que defender la vida.
Holanda es el país en que primero se aprobó una norma que legalizó la Eutanasia mediante la Ley “Verificación de la terminación de la vida a petición propia y Auxilio asistido al suicido” en 2002, año en que se acogieron a esta singular práctica 1.882 casos. En 2007 subieron a 2.120 casos. En 2011 se llegó a 3.195 muertes. En 2012 fueron 4.188. En 2015 murieron en los términos de esta infausta Ley 5.516 personas. Y en 2017, fueron 6.585 quienes fallecieron invocándose que cumplían alguno de los requisitos para acceder a esta práctica. Hoy en Holanda el 4% del total de fallecidos se debe a la eutanasia. Y las cifras no han parado de subir.
Hay en ese país una organización, “End of Life Clinic”, que agrupa a médicos itinerantes que practican la eutanasia y que recorren el país asistiendo a quienes desean morir, sin necesidad de que exista previamente alguna relación entre ese médico y el paciente. Estos médicos no le entregan tratamiento alguno, sólo le administran el fármaco que termina con su vida. Además, el año 2018 la Sociedad Holandesa para el Derecho a Morir inició una campaña que busca que esos fármacos letales estén a disposición libre para toda persona mayor de 70 años, que quiera morir. Por otra parte, un reciente proyecto de Ley pretende obligar al médico que se niega a practicar la eutanasia a un paciente, a derivarlo a otro facultativo dispuesto a hacerlo. Lo que se busca es que la Eutanasia deje de ser una excepción y se convierta en un derecho.
Esta práctica, que en principio la Ley restringía sólo a los mayores de edad, se ha extendido también a los niños (en Chile la mayoría de los Diputados de la Comisión de Salud aprobaron que sea desde los 14 años con autorización de sus padres) y a personas con capacidades mentales disminuidas, a petición de sus familiares. Pero no es todo. En Holanda se aprobó en 2005 el Protocolo de Groningen, que regula el procedimiento de Eutanasia a recién nacidos con enfermedades incurables y que, en opinión del pediatra, tendrían una vida de sufrimiento. Oficialmente sólo se ha aplicado en dos casos (el último en 2018), pero según organizaciones pro-vida, han sido 650.
Por todo lo anterior, he sentido que debo, pese al escaso impacto que pudiera tener esta Columna, ilustrar con algunos datos, qué es lo que ha pasado con el tema en cuestión, allí en los países desde donde pretendemos “importar” estas funestas iniciativas que, en nombre de un supuesto progresismo, atentan contra el más básico de los derechos humanos, el derecho a la vida.

Volver a opinión