“Felices los servidores que velan esperando a su Señor” Décimo noveno domingo del año. Lucas 12, 32-48.

10 Agosto   574   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Jesús dijo a sus discípulos: <<No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro tendrán también su corazón. Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos.


Durante estos días estaremos celebrando nuestro 15 de agosto. Cuando nos reunimos los hermanos parece que fuéramos más que un pequeño rebaño. Somos muchos los que en el mundo y en nuestra Diócesis de Talca seguimos a Jesús como nuestro Buen Pastor. La comunidad de hombres y mujeres creyentes tienen siempre presente lo que una persona anónima de los primeros siglos decían de los cristianos: viven en comunidades dentro de nuestras propias ciudades, asumen la cultura de ese lugar y hablan el lenguaje del país en que viven, se visten como todos y comen la comida del sitio donde les correspondió habitar; son obedientes a las autoridades que los gobiernan sabiendo bien que su autoridad definitiva es Dios; los cristianos son en el mundo como el alma en el cuerpo- así mas o menos decía la Carta a Diogneto.


La Iglesia misionera celebra 30 años desde que recibió el encargo de aprender a vivir en un tiempo nuevo, un tiempo en el que las personas no llegan a la iglesia de manera masiva, un tiempo en el que muchas veces la palabra de los pastores no identifica a los fieles. Muchas veces, el rebaño, la desconoce y no la obedece. A partir del Sínodo, que es una reunión de toda la iglesia durante varios años, se descubre que el camino es vivir la comunión y la participación, adherirse a la misión y renovarse permanentemente en el espíritu. Esa orientación le da fuerza a una comunidad como la nuestra y en estos tiempos nuevos del tercer milenio la anima a superar nuevos males como son el clericalismo, el abuso sexual y de poder, la falta de compromiso con las reales necesidades de las personas.


Hoy podemos decir con mayor verdad que somos un pequeño rebaño, e incluso podemos decir que siempre lo hemos sido. Mucha gente ha estado en la iglesia por tradición o superstición, pero no por verdadera fe. Ese es un aspecto positivo: se puede reducir en número, pero mejorar en calidad de fe.
Se siente el llamado a estar atento y a esperar al Señor Jesús. Muchos hombres y mujeres, jóvenes y niños nos dan testimonio de misión. Se han internado en situaciones muy dolorosas como son la cárcel y todo su drama interno; en hogares de ancianos y hospitales para acompañar la soledad de los adultos mayores y las poblaciones marginales donde la droga y la delincuencia han borrado la dignidad.
Son estos los que esperan atentos, a que su Señor llegue pronto. Lo hacen trabajando arduamente y su pago no es monetario, es únicamente estar dentro del corazón de Jesús, su maestro y Señor a quien día a día esperan.