Feminismo y Reggaetón

28 Mayo 2018   1321   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

La oleada de feminismo que estos últimos tiempos, particularmente este año, ha inundado numerosos países occidentales, pareciera ser un movimiento social de consecuencias indefinidas. Tanto, como también son insospechada las consecuencias de la extendida lucha contra el acoso y el abuso sexual que se observa tanto en países como instituciones de diverso orden.

Pero en las sociedades en que se han gestado estos movimientos, de una expansión y extensión pocas veces vistos, se puede observar un fenómeno también interesante: la sustancial discrepancia e incongruencia entre ellos y otra manifestación de similar fuerza y arraigo social, como es la música urbana y particularmente el reggaetón.
La justicia con que se pide un trato igualitario para hombres y mujeres, la vehemencia de las argumentaciones contra la discriminación de que son objeto las mujeres en múltiples áreas del quehacer social, la justificada ira que provoca el acoso y el abuso que tantas han debido soportar, se ve contradicho con el éxito que alcanzan ciertos temas musicales y los artistas que los interpretan, que hacen una verdadera apología de todo aquello contra lo que las mujeres hoy se han levantado.
¿Cómo entender que las mismas adolescentes (y otras mayores) que marcharon hace algunos días en Santiago y otras ciudades reclamando en contra de la educación sexista que, señalan, se les imparte, sean las mismas que gritan y bailan casi descontroladas aclamando a artistas como Maluma, J. Balvin, Ozuna, Bad Bunny, Nicky Jam, Wisin y Yandel, Daddy Yankee y muchos más?
Piden, con mucha razón y con justicia, respeto a su dignidad, igualdad de trato y que no se les denigre al querer considerarlas tan sólo un objeto, pero al mismo tiempo idolatran, bailan y cantan a voz en cuello la letra de canciones que hacen justamente lo contrario: letras que les reducen a meros objetos sexuales, bailes que les piden exaltar sólo su cuerpo, cantantes que basan su fama en proclamar y hasta incitar la violencia contra ellas y, en suma, canciones que muestran el peor y más violento de los machismos que podemos imaginar.
Pedir una educación no sexista, libre de visiones patriarcales o discriminatorias y exigir castigo de toda conducta violenta contra la mujer es justo y razonable. Pero la nitidez de esas peticiones y exigencias se ve un tanto enturbiada cuando aquellas que lo hacen, a la vez, admiran y reverencian a quienes ensalzan el sexismo, la violencia, el machismo y la degradación de las mujeres.