Domingo, 22 de Abril de 2018
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Opinión

Francisco en Chile

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Mañana llega el papa Francisco a Chile. Diversas expectativas hay sobre su visita. Es un acontecimiento para la Iglesia que vive una dolorosa pérdida de credibilidad. Sobre ella se acentúan críticas de variados sectores. También, desde las propias filas hay voces con ácidos acentos. Es un momento severo, donde es patente cierto desánimo y tristeza eclesial, además de la carencia de liderazgo congregante e inspirador en el espíritu de la vida cristiana.
La Iglesia Católica cuestionada por la opinión pública actual no es solo un fenómeno nacional; por desgracia, ocurre en muchas regiones del mundo. En Chile, los abusos sexuales a menores, cuyos autores son clérigos y religiosos, golpean hondamente la conciencia. Genera desconfianza hacia la jerarquía y la institución. La situación no logra aún sanar, porque son procesos desgarradores, que hieren lo más noble y puro. Daña de raíz al espíritu. El pueblo creyente permanece fiel a los contenidos de la fe, pero se repliega silente. Padece la vergüenza y orfandad en el hogar o la pequeña comunidad.
Francisco viene como llegó al pontificado: con aire fresco y renovador. Ha debido soportar la resistencia a su estilo llano y cercano, propio de pastor comprometido en las villas de miseria argentinas. Rompe así con moldes y formas estereotipadas. La reforma de la Curia Romana, le ha traído innegables sinsabores. Con todo, él no se amilana. Va de frente con el evangelio.
Recuerda a los obispos lo que son y están llamados a ser... No los quiere “príncipes”, sino al “servicio” de su pueblo. Con auténtico desprendimiento y misericordia, la que procede de Dios. Está consciente que la llamada “cultura del descarte”, asfixia al alma y al corazón. Por eso denuncia las injusticias hirientes que impiden sea creíble y germine el evangelio. A los jóvenes les pide coraje para hacer “líos” por un mundo mejor… ¡No los quiere egoístas!
La mirada de Francisco a la sociedad no simpatiza a los poderes económicos mundiales e intereses de turno. Toca las zonas sensibles de cuidado del medio ambiente y la pobreza. Hace ver que es la misma morada del hombre la que está amenazada por el modo de vida febril de la abundancia suntuaria que llevamos. ¡He ahí la necesidad de cambios radicales!
El papa que nos recuerda al pobre de Asís, sale al encuentro de los marginados, hacia las “fronteras”, de la situación de familias con los dramas de un “mundo en guerra”. La Iglesia vive este tiempo. Por eso, la quiere en “campaña”, arriesgada, en servicio sencillo y libre de cálculos políticos.
Esperamos que el aire fresco y renovador de Francisco, le haga bien a la Iglesia en Chile. Y que para el país, sea un vigoroso aporte a la convivencia cívica, humana y de justicia, en esta era de tantas y tan graves trasformaciones.

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