Francisco y los obispos

15 Abril 2018   1594   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

He leído atento y conmovido la carta del papa Francisco dirigida a los obispos en Chile. Ello me anima a hacer aquí unas breves consideraciones, porque al pedir el papa que la misiva se “publique”, es evidente su deseo de convocar a la Iglesia en su conjunto: el pueblo de Dios con su jerarquía, laicos, clérigos y religiosos, a que hagamos un “itinerario interior” y fraterno, ejercicio de amar en la verdad, al mismo tiempo que implorar la “sabiduría del corazón y dejarse convertir”. ¡Se necesita conversión! Itinerario interior guiado por el Espíritu, sin egoísmos, intereses u orgullo herido.
Las palabras de Francisco son sencillas, claras y directas. Sobre todo, estimo, reluce la humildad suya: “Pido perdón –nos dice- a todos aquellos a los que ofendí”. Ahora bien, más allá de por qué incurrió él en “graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación”, lo que importa ahora, es la convocatoria a Roma, tanto de algunas víctimas de abusos, a las que personalmente quiere pedir perdón, como la reunión en mayo con todo el episcopado de Chile y el papa, para “un momento fraternal”, cuyo objetivo es “hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas”.
Francisco reconoce y valora a los que dieron testimonio a los enviados por él en misión especial. Al mostrar ellos “las heridas del alma”, sostiene, hay ahí “honestidad, valentía y sentido de Iglesia”. Asimismo, destaca el lugar de los medios de comunicación y el derecho a la información que los ciudadanos poseen. Revela con esto que es indispensable la corresponsabilidad y madurez.
Es que los abusos de poder y de conciencia, así como los abusos sexuales de menores, todos ellos cometidos por sacerdotes y religiosos, empañan lo más esencial y puro de la vida cristiana. Pervierte y perturba todas las relaciones de la comunidad, destruyendo la inocencia de los niños o, mediante el abuso del poder de clérigos y obispos, se generan enclaves de protección y ocultamiento de manejos turbios, incluso con intereses económicos, todos los cuales socaban la credibilidad de Iglesia, a la que ponen muy apartada del frescor evangélico.
Las medidas jurídicas y pastorales que el papa con los obispos chilenos tomará en Roma, marcarán una nueva etapa de la Iglesia en Chile. Llega la hora de una auténtica renovación, no solo en la conducción de las diócesis locales, sino una renovación integral que abarque el estilo mismo de vivir la comunión y participación del pueblo, la celebración de la fe y el servicio fraterno, así como el modo indispensable de cambios en el ejercicio de la autoridad episcopal.
Hay que aprender mucho del estilo de Francisco, que impulsa con tesón y no sin graves dificultades, poner a la Iglesia en el espíritu del Vaticano II.