Gobernar

11 Marzo 2018   500   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Dado que hoy es el cambio de mando de la más alta magistratura del país, podemos aquí reflexionar sobre ese quehacer propio del hombre y la comunidad política, que es gobernar. ¿Qué entendemos por ello?
Gobernar es dirigir, esto es, la conducción hacia una dirección o propósito del conjunto de las acciones adecuadas para que se logre el fin deseado o previsto. Esto que digo, es el ejercicio de todo gobernar. Porque, en sentido estricto, gobernar incumbe al hombre y sus comunidades. Cada uno de nosotros, cuando estamos ya en la adultez, debemos conducirnos a nosotros mismos. Gobiernan los padres de familia, el director o directora en la escuela. Lo hace también el que está a cargo de un taller mecánico, de un supermercado o una empresa minera. De modo que la vida humana es gobernada por el hombre, siempre en orden a un fin previsto. Algo deseado que se lleva a cabo.
La más alta conducción de un país o pueblo, recae en quien es el Jefe de Estado. En nuestro caso, el Presidente de la República. La comunidad política, republicana y democrática, está conformada por el conjunto de los ciudadanos que hacen parte de ella, partícipes en las variadas organizaciones e instituciones, no solo del Congreso y la Justicia, sino, en las múltiples estructuras intermedias donde se articula el cuerpo social. El gobierno político tiene a cargo el bien común de la ciudadanía y el país por el período establecido. Todas las otras dimensiones de la existencia humana y social: economía, educación, salud, investigación, infraestructura, defensa, etc., han de supeditarse al propósito común de mayor participación y equidad en el gobierno de los ciudadanos.
En la conducción hay estilos e ideas que inspiran el quehacer político de un gobierno. La alternancia en el poder da cuenta de ello. Las elecciones señalan preferencias. Y son visibles los acentos y preocupaciones que poseen los conglomerados políticos que apoyan a tal o cual gobernante.
Aunque la responsabilidad constitucional del presidente es la de hacerse cargo del gobierno de la nación, ello no suspende ni suprime en ningún caso nuestras responsabilidades personales por ser partícipes en el gobierno de la comunidad política toda. La participación activa puede ser muy diferenciada, en grados de cercanía o distancia, como parte del gobierno o como adversario. Pero, siempre, incumbe la tarea de velar –en amistad cívica- por el bien común y de justicia, inclusiva para toda la comunidad política.
Gobernar, por consiguiente, nos corresponde a todos.