“Hagan lo que dicen, no lo que hacen” Trigésimo primer domingo del año. Mateo 23, 1-12.

15 Abril 2018   1025   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Nos encontramos nuevamente este domingo con Jesús Resucitado que se presenta a los apóstoles. Este grupo de amigos de Jesús todavía estaba con miedo y recibían testimonios de distintos momentos en los cuales se les había aparecido y ese encuentro iba, poco a poco, devolviendo la alegría a los que habían sido testigos de su presencia y cercanía.
Ya comentamos acerca del saludo del Resucitado: ¡La paz esté con ustedes! Un saludo que tiene la virtud de calmar y de hacer que la mirada de los que lo ven se pueda centrar en lo importante de este gran acontecimiento. Les ayuda a prepararse en torno a lo que sucederá en el futuro sin tener sobresaltos ni amenazas.
Al igual que en el encuentro con Tomás, Jesús se muestra en sus llagas, no es solamente una aparición fantasmal como las que muchas personas ven en su vida. Esta es el encuentro con una persona que había sido crucificada, había muerto y ahora está viva.
Sin duda, para la mayoría de las personas el acontecimiento de la resurrección presenta dificultades porque nadie ha visto nuevamente a los que han partido y mucho menos hemos visto a Jesús de la manera que nos imaginamos: que se presente delante de nosotros y nos hable o nos toque al igual que lo hizo con los apóstoles que comentamos. Nos hemos acostumbrado a llegar hasta el momento de la muerte de nuestros familiares y amigos, los hemos cuidado, hemos llorado con ellos, hemos pedido por su salud, los vimos decaer y partir. Esa es una experiencia real y por eso nos quedamos mucho más en la vivencia del dolor y del momento solidario de Jesús que entrega su vida por los hombres en la cruz.
En cambio, la resurrección nos obliga a realizar un ejercicio de fe. A entrar una dimensión de fe, en la cual el mismo Cristo se encarga de presentar la nueva vida mostrando sus llagas y su costado abierto para que los testigos crean y a partir de ese encuentro su mirada se extienda hacia un futuro mejor.
Los apóstoles confiaron en la promesa de Jesús y junto a ellos, nos ponemos en camino para acercar ese momento definitivo de encuentro con la alegría, la justicia, la salud, la superación total de la pobreza en el reino de Dios. Eso nos compromete a ser testigos de la resurrección para que todos crean. Eso nos hace ser resucitados, para que cada tarea, palabra, gesto que realicemos se llene de la vida nueva de Jesús. En ese momento entonces lo vemos, los habitantes del mundo lo ven en la medida en que la propia vida cambia para bien, en que empezamos a sentir que el cielo está presente en la tierra. La vida del resucitado se hace patente en la toma de conciencia de que estamos sumidos en situaciones de muerte como son las violencias de todo tipo, las injusticias, los individualismos, etc. y al comenzar a vivir de manera comunitaria, haciendo visible la paz, teniendo verdaderas actitudes de acogida y de aceptación de las diferencias, iremos no solo viendo a Jesús resucitado, sino que iremos sanando sus llagas que continúan vivas hasta el día de hoy.


P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás