“Hijo mío, tú estás siempre conmigo”

31 Marzo   322   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.
Nos encontramos cada vez más cerca de la meta que es vivir profundamente la Pascua de Resurrección. Un acontecimiento único en la historia universal y que habla de alguien que ha sido totalmente comprometido con la humanidad al punto de aceptar el sacrificio de su Hijo por la salvación de todos.
Ya lo compartíamos el domingo anterior, el esfuerzo de este tiempo privilegiado de oración, ayuno y solidaridad trae consigo el descubrimiento de un nuevo rostro de nuestro Padre Dios. No es que antes fuera castigador y ahora ha cambiado en bondad ¡No! Siempre ha sido el mismo Padre que ha comunicado su cariño de manera excesiva, ha estado de tal manera atento a sus hijos que los conduce de manera cariñosa por el desierto, de la esclavitud a la libertad. Y ese itinerario se sigue repitiendo generación tras generación, pero ahora de acuerdo a la nueva comprensión de esta situación que podemos identificar con el materialismo, el hedonismo, el egoísmo, que impide reconocer el rostro verdadero de cada hombre o mujer que tenemos a nuestro lado.
Los hijos que hoy se nos presentan en la Parábola, somos cada uno de nosotros, que en ciertas ocasiones hemos tenido nuestros momentos de rebeldía y hemos huido de casa o en otras somos los que hemos permanecido al lado del padre pero reclamamos cuando ese hermano vuelve creyendo que tenemos más privilegios por haber llevado”a lo mejor” el peso del cuidado del padre o la casa.
Son esas situaciones las que nos han hecho distorsionar la imagen de Dios. Esos personajes que son los fariseos a quienes Jesús les habla, quienes nos asustan con los castigos que nos llegarán cuando volvamos “con la cola entre las piernas”.
Pero contrariamente a lo que dice el título de esta parábola, Dios es el protagonista de esta lectura. El Padre es el que se presenta como “pródigo”: un padre atento a la realidad de sus dos hijos. Con el menor sufre esperando su retorno y de hecho él lo ve antes que llegue y corre a su encuentro para recibirlo con abrazos, besos y devolverle su dignidad. Dice el Padre Pagola que no es el hijo el que vuelve, sino el Padre quien sale al encuentro de quien estaba ausente y consumido por el pecado.
Es el Padre quien invita al Hijo Mayor a entrar en un camino de conversión para no quedar con sentimientos de abandono. Pues estando siempre al lado del padre todo le pertenecía, era el administrador de sus bienes. Pero siente la amenaza de quien al volver le puede quitar todo.
El Padre pródigo lo conoce, sabe de su intransigencia y de sus fragilidades pero es así como lo invita a ser un hermano comprensivo y acogedor de su hermano que ha caído. Es una situación que a él también le ha podido ocurrir.
El Padre es comprensivo con el hijo que ha vuelto a la casa porque su propia historia se ve reflejada en él. Todos hemos querido ser independientes, grandes. Pero hemos debido reconocer que nuestro padre era más sabio y más justo a la hora de recibirnos de nuevo.
Podemos aprovechar de rezar por las familias en problemas, por quienes se sienten poco amados, por los que padecen pobreza y quienes viven la violencia de la guerra junto a ellos para que se despierte la paz, la solidaridad, la justicia en cada hermano.