Historia

26 Septiembre   534   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Por resolución del Consejo Nacional de Educación (CNED) y posterior toma de razón de la Contraloría General de la República a principios de este mes, las asignaturas de Historia y Educación Física dejarán de ser parte de la malla curricular obligatoria para los terceros y cuartos medios, desde el 2020 para los terceros, y desde el 2021 para los cuartos, respectivamente. La noticia, qué pasó bastante colada cuando se discutió en el mes de febrero del presente año, comienza a despertar un análisis que algunos como quien escribimos, acusamos y miramos con preocupación.
Y es que contrario a lo que algunos puedan sostener, es justamente en etapas que los jóvenes tienen 16 o 17 años, que se comienzan a despertar nuevas ideas, florecen nuevos pensamientos, y surgen dinámicas atractivas para ir enfrentando los desafíos post etapa escolar. Las bases de la educación, los cimientos de nuestros niños se forman desde la etapa preescolar, y posteriormente, se van desarrollando nuevos flancos que permiten ir potenciando intereses, gustos o sensibilidades, pero también modificar estos, ampliar nuevos horizontes, conocer y adentrarse en corrientes de pensamiento.
Desde luego que hasta la fecha se han eliminado ya del plan común de contenidos, varias materias que revisten importancia para el conocimiento histórico de los estudiantes chilenos, sobre todo en momentos que las humanidades se encuentran en etapa de crisis, con cada vez menos vocaciones y convicciones para cursar estudios y carreras ligadas a este ámbito.
Aunque sea incómodo y triste decirlo para quienes nos hemos formado en el virtuoso campo de las humanidades y carreras ligadas a las ciencias sociales, muchas personas optan por estas carreras por el menor puntaje requerido en los procesos de admisión, o simplemente por un desconcierto generalizado de muchos de nuestros estudiantes al egresar de enseñanza media, que desconocen muchas de sus aptitudes, tomando decisiones apresuradas en momentos importantes. No hay un replanteamiento de conceptos, una reflexión idónea a la que acceda la mayoría para ingresar a estudiar concienzudamente carreras vinculadas a estas ramas.
Reformas más, reformas menos, aún falta abordar la dinámica de la calidad de la educación, de lo que ocurre en la sala de clases, y esa parece ser una de las banderas de luchas a corregir en la visión del actual gobierno, en el sentido de entender que más allá de la mera propiedad de los recintos educativos, como suele ser una preocupación de las fuerzas políticas de oposición, la realidad resulta ser muy ajena a cuestiones solamente ideológicas que en nada contribuyen a acelerar y mejorar los procesos de conocimiento y formación integral de los futuros ciudadanos. En esa búsqueda de mejoramiento, la historia resulta imprescindible, y es que sin ésta, no hay nada. Más que un área específica de estudio, debiésemos pasar a entenderla como una ciencia ineludible para cualquier chileno y chilena, en el ejercicio de sus derechos, cumplimiento de sus deberes, y compromisos cívicos por la sociedad de la cual se es parte.
El acoplar y distribuir materias en niveles anteriores, de manera de brindarle menos espacio a cada proceso histórico, porque más que acontecimiento la historia debemos entenderla como un conjunto de procesos, no permitirá con mucha seguridad, una mayor conexión e interés por estos temas por parte del estudiantado chileno, y subirá en la opinión de esta columnista, la posibilidad de encontrarnos con discursos y consignas vacías, que repitiendo y cacareando discursos al voleo, no son capaces de hacerse cargo de la profundidad que el país naturalmente está demandando, aún más en momentos que se avecinan o al menos, se pretenden discutir, temáticas altamente relevantes para nuestro mañana inmediato.
Con menos historia, pierden y perdemos todos. Las cosas por su nombre