Huilquilemu a la espera

21 Octubre 2018   1894   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

El 27 de febrero de 2010, la vieja casona de la Villa Cultural Huilquilemu de la Universidad Católica del Maule, volvió, como se sabe, a sufrir otro terremoto en su ya larga historia. Había permanecido en pie para el gran sismo de Valparaíso, el de 1906 y que tuvo repercusión grave aquí; afrontó con éxito el terremoto de 1928 que devastó la ciudad de Talca; soportó el gran terremoto de Chillán de 1939, que en Talca botó lo que quedó en pie el 28. En fin, para el cataclismo de Valdivia en 1960, la casona no tuvo inconvenientes, así como para el sismo de 1985, que asoló Santiago y el litoral.
El año 2010 fue severo y dejó daños importantes. No obstante, la vetusta edificación de adobe mantuvo los muros firmes. Con todo, los daños en la techumbre y algunos tabiques interiores, como revoques, obligaron al cierre inmediato y a tomar las indispensables medidas de emergencia y seguridad. Especialmente, con apremio, debimos recuperar la techumbre, para preservar al inmueble de las lluvias y con ello, del deterioro total.
Hernán Correa de la Cerda, director de la entonces Sede de la Pontificia Universidad Católica, en Talca, al poner las bases del proyecto de “Villa Cultural” el año 1975, en la casona que data de 1870, intuyó lo que ahora vemos: ¡Huilquilemu tiene voluntad de ser! Voluntad de seguir congregando. Voluntad de fiesta, canto, artes y expresiones típicas populares. Voluntad por ser la manifestación más genuina de la memoria cultural de la Región de la Maule.
Por eso, Huilquilemu encuentra adhesión de voluntades que se suman y colaboran, muchas en silencio. Llevar adelante la ejecución de la restauración y puesta en valor del monumento histórico, ha sido, es y será el fruto del esfuerzo y trabajo de común. Desde el obrero que al día siguiente del terremoto subió a la techumbre para reponer tejas, desafiando las réplicas, pasando por las cuadrillas de trabajadores que removieron los escombros, o el personal de la Villa que forró con polietileno durante dos inviernos la casona, para evitar que las fuertes lluvias amenazaran con la ruina, hasta los estudios de profesionales especializados y de las instancias pertinentes del aparato estatal.
Con todo, el proceso todavía sufre demasiadas demoras y contratiempos que resultan exasperantes. La casa muda permanece a la espera. Los numerosos visitantes aguardan impacientes, ante las puertas cerradas al público, mientras las gestiones de la Dirección Regional de Arquitectura y Gobierno Regional, prosperen. Así la comunidad podrá disfrutar del lugar bello y simbólico, que favorece el encuentro con las tradiciones. Es que “¡Huilquilemu tiene voluntad de ser”, en la comunidad que espera. Está claro que la tarea está aún pendiente.