Humanismo y política

21 Febrero   365   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

En momentos que la situación en Venezuela ha superado con creces las condiciones mínimas de dignidad a las que puede aspirar una persona, en cuanto al suministro de los servicios básicos, de la alimentación y de la seguridad, en Chile, más precisamente los sectores de oposición, han dado la nota alta dentro del concierto internacional, al no condenar sinceramente las atrocidades del régimen de Nicolás Maduro, permitiendo así, la justificación de las violaciones a los derechos humanos y el socavamiento absoluto de la institucionalidad democrática del país llanero.
Durante los últimos días, una misiva de personeros de oposición ha vuelto a reflotar el debate sobre el rol de las diferentes izquierdas en nuestro país, y el juicio que la historia hará por su delicado comportamiento ante el gobierno de un país hermano.
Sin ir más lejos, no deja de llamar la atención la profunda incoherencia de varios de sus más connotados líderes, los que han salido a atacar al Presidente Piñera por su ida a Cúcuta (Colombia), frontera con Venezuela, a entregar ayuda humanitaria para un pueblo como el venezolano que tanto lo necesita. De todo le han dicho a la máxima autoridad del país, olvidando por conveniencia, por ejemplo, el apoyo en su minuto del Presidente Ricardo Lagos a un intento de derrocamiento del gobierno de Hugo Chávez del año 2002, o, asimismo, la serie de desencuentros de varios de sus dirigentes cuando la política se ha tornado totalitaria en Venezuela.
La ausencia de proyecto y de ideas por parte de la oposición, los ha turbado también para enfrentar el escenario de la política internacional, que está condenando con fuerza la miseria a la que conduce el socialismo en América Latina. En política, sabemos que se puede caminar y masticar chicle a la vez, por eso el Presidente Piñera concurre a la frontera con Venezuela junto a otros Presidentes a darle una mano a gente que tanto lo necesita, y al mismo tiempo, mantiene ocupado a sus equipos en las diferentes emergencias en el norte y sur del país.
La cuestión aquí es bien sencilla y es que más allá de una discusión ideológica, lo que está en juego es darle condiciones de humanidad y dignidad a una sociedad cada vez más pobre como la venezolana, que acepta con abrazos y aplausos a quienes están dispuestos a colaborar con su sobrevivencia en un reino de nadie.
La historia y sobre todo las personas, sabrán juzgar a esta oposición deshumanizada.